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¿EL ULTIMO EMPERADOR?

No salgo de mi asombro. La impunidad con la que se enseñorean nuestros amos empieza a ser algo obsceno. En realidad llevan muchos años exhibiendo su poder aunque casi nadie quería verlo, pero ha llegado ya a un grado en el que es imposible ocultarlo. En fechas recientes ha tenido una vez más el contubernio mundialista del Foro Económico de Davos, en el que en la tenida de este año ha tenido la atracción de la coronación del nuevo emperador, el sin par presidente chino. Y todos los líderes europeos encabezados por la presidenta alemana y el presidente francés le han rendido la oportuna pleitesía y homenaje. Para no hacerle sombra ni siquiera ha acudido este año el recién elegido presidente norteamericano.

  Quizás fuera preciso reflexionar sobre las personas que acuden a este Foro y otros saraos semejantes de los poderes fácticos globales. Habitualmente se dice que a ellos acuden los mandatarios de todo el mundo. Y lo que exige una explicación y reflexión es precisamente la palabra mandatario, que es realmente anfibológica, ya que por un lado se refiere a «los que mandan», pero también y sobre todo en el mundo jurídico, un mandatario es el que «ejecuta un mandato» por cuenta de otra persona. En este segundo sentido la institución jurídica requiere que exista un mandante, alguien que ordena lo que tiene que hacer al mandatario. Si queremos caer en una ingenuidad buenista podríamos pensar que el mandante es el pueblo. Pero esto más allá de palabrería demagógica es una pura falsedad. Los mandantes de los mandatarios mundiales son otros. ¿Pero quiénes son? Esta es una pregunta sin una respuesta clara. Los auténticos mandantes no tienen nombre conocido, se ocultan entre las sombras de su propio poder que les permite difuminarse.  Los mandantes manejan los hilos en la oscuridad y dan la cara por ellos los mandatarios, que obviamente están encantados de ser mandados, porque este mandato, les da a su vez un poder enorme, aunque visible en una mayor o menor medida.

 Pues bien, este segundo estrato del poder, es decir el poder visible, es el que nos es permitido más o menos atisbar. Y en esta esfera se está produciendo o se ha producido un relevo en los apoderados o mandatarios. Es en este plano donde ha tomado el testigo, podríamos decir el cetro, el nuevo emperador que viene de la China, que está respaldado por una gran corte de enormes poderes fácticos de orden global, tales como agentes económicos, multinacionales, Fondos de Inversión, agentes mediáticos, partidos políticos, fundaciones, y un largo etcétera.

    Primero fue la dinastía Ming, luego la dinastía Ching, a la que pertenecía el último emperador al que se le dedicó una famosa película, y que fue derrocado para instaurar lo que podríamos llamar la dinastía Mao. Este nuevo imperio está destinado a convertirse en un poder global, universal, que trasciende los límites de la conocida muralla. Se ha instaurado una especie de monarquía universal electiva al modo en el que elegían reyes los visigodos, aunque quizá no falte mucho para que también sea hereditaria, como de hecho ya ocurre en Corea del Norte.

    Resulta humillante que no nos dé vergüenza como europeos reírle las gracias a ese señor que sólo ha venido a decirnos en nuestra casa europea cuánto poder tiene y cuánto respeto le debemos. Nos preciamos de demócratas y demonizamos a los países que tienen regímenes dictatoriales, o tal vez eso era antes. ¿Algún noticiario del planeta ha abierto alguna vez sus portadas con los resultados de las elecciones en China? ¿alguien sabe cómo se elige el alcalde de Pekín? No hace ni dos días que China ha respaldado el reciente golpe de estado militar en Birmania (Myanmar) derrocando al gobierno recién elegido por unas elecciones. ¿Dónde están los adalides de la democracia mundial condenando la intromisión en un país extranjero? China ha bloqueado la condena del golpe por el Consejo de Seguridad de la ONU. Sin solución de continuidad hemos pasado del imperialismo yankee al imperialismo chino. Hay que aceptarlo como una realidad. Pero al mismo tiempo echo de menos que los que pasaron media vida con el “yankees go home” como bandera, no cambien el slogan por el que procedería ahora de “chinese go home” (lo siento no sé escribirlo en su propio idioma, pero creo que el inglés lo entienden bien). No, eso ni hablar, es xenofobia, y que quede claro que me estoy refiriendo siempre al estado chino, a su organización política y a quienes la sustentan, no a los ciudadanos chinos que viven y trabajan en mi país y que probablemente la mayoría son tan víctimas de la situación como los españoles. La realidad es que toda la progresía occidental venera todo lo que viene de la China. Al fin y al cabo, son comunistas como ellos. Y encima carecen de complejo alguno para exhibir su enorme poder económico, su escandalosa vida de lujo y derroche. La sociedad china actual tiene lo peor del comunismo, que es la degradación moral y devastación cultural del hombre, fruto de la terrorífica revolución cultural, y lo peor del capitalismo, como es el ansía por el consumismo más desaforado.  Pues este es nuestro nuevo modelo, el “chinese way of life”, que es el que nos tienen preparado como ideal de vida. Seremos súbditos aculturizados de un imperio en el que sólo se nos permite ser consumidores pacíficos y sumisos. Sólo persiguen nuestra sumisión total.

LA BATALLA DEL CAPITOLIO. (ADIOS PRESIDENTE II)

  Cuanto más lo pienso, más comprendo la saña que los globalizadores están empleando contra Donald Trump. Son implacables y no les basta con haber evitado su reelección, su propósito es destrozar su legado para evitar para que pueda recuperarse y para prevenir que les vuelva a pasar algo parecido. La guinda de la tarta en su cometido la han puesto con el estrafalario supuesto golpe de Estado que supuso la invasión del Capitolio. Una escaramuza más en la guerra sin cuartel entre las élites globalizadoras y la resistencia. Podría pasar a la historia como la batalla del Capitolio. Y según el bando en el que se milite, contada como una gran victoria o una penosa derrota.

    De este modo no puede entenderse el asalto al Capitolio por unos manifestantes descontrolados sino como una obra maestra de los manipuladores de la información. Necesitaban algo así y lo han conseguido a su satisfacción. Dada la enorme confusión sobre lo que realmente ocurrió, para entender algo,  sólo cabe preguntarse como en otras ocasiones en que se producen fenómenos extraños:  ¿Qui prodest?.

       Este proceso que terminó con las hilarantes y disparatadas imágenes de un señor con cuernos presidiendo el Congreso de los Estados Unidos de América, comenzó mucho antes, con una preparación conveniente de la opinión pública. Para ello unos meses antes de las elecciones presidenciales los medios oficialistas, es decir todos, prepararon cuidadosamente todas las encuestas en la que se vaticinaba una victoria cómoda y holgada para el candidato demócrata. El primer paso fue convencer a la mayoría de los votantes y observadores de todo el mundo de que lo normal es que Trump fuera derrotado. En España ya conocemos la estrategia de utilizar las encuestas para dirigir y condicionar la realidad.

   Pero la realidad era otra y se demostró en la jornada electoral americana. El Presidente Trump podía mantener la presidencia. De hecho lejos de perder apoyo popular llegó a obtener de diez millones de votos más que en las elecciones anteriores. En la historia de Estados Unidos, hasta las presentes elecciones, siempre que un presidente en el cargo aumentaba su apoyo popular, había resultado reelegido. Durante parte de la noche electoral la situación era incierta, hasta que empezaron a ocurrir cosas verdaderamente raras en cinco de los estados que son claves para decantar la elección. Los resultados de Pensilvania, Georgia, Michigan, Arizona, Carolina del Norte quedaron bajo la sospecha del fraude electoral. En todos estos estados, e incluso en otros, hubo numerosas irregularidades en el proceso electoral: graves anomalías del voto por correo, máquinas de votación electrónica aportando resultados sorprendentes, -que casualmente están diseñadas y programadas por empresas globalizadoras al servicio de la élite-, desalojos inauditos de centros de recuento de votos en los que con posterioridad aparecían miles de papeletas, casualmente todas demócratas.

     Ante esta situación lo lógico para los electores fue denunciar la situación y de hecho así ocurrió. Dicen que al menos un 80 por ciento de los votantes republicanos creen que hubo fraude y robo de la presidencia. Eso supone que casi 60 millones de ciudadanos americanos creen que les han estafado. Pero esto no podía difundirse y por ello, para eliminar esta sospecha de fraude, entraron en juego todos los medios de comunicación del planeta, salvo escasas excepciones, quienes lejos de cumplir su deber de informar, ocultaron cuidadosamente cualquier referencia a ello. Su papel fue primero el del silencio total de las denuncias, de las pruebas y de las evidencias, o al menos divulgar la opinión de muchos electores. Simplemente no se hablaba de ello, y por este procedimiento tan sencillo de evitar informar sobre ello, han establecido la verdad oficial de la inexistencia de un fraude electoral. Nadie habla de ello, luego no existe. Las pocas referencias que aparecieron en los medios fueron nada más que para calificar a quienes expresaban abiertamente sus reticencias a la limpieza de las elecciones, como gente paranoica anti demócrata que no acepta el resultado de las urnas. Por supuesto las redes sociales hicieron lo mismo, hasta el punto de llegar a censurarse en la plataforma you tube cualquier video en el que se hablara o se defendiera la existencia del fraude de las elecciones.

        Pero este apagón informativo no era suficiente. Una vez consumado el pucherazo, la siguiente fase habría de consistir en deslegitimar de manera total y absoluta y para siempre al movimiento que había abanderado Trump y le había dado la presidencia. La satanización de Trump y todo lo que huela a trumpismo. La consigna es no hacer prisioneros. La guinda del pastel de la enorme farsa mediática la proporcionó el esperpéntico asalto al Capitolio.

        El presidente Trump no estuvo listo ni mucho menos, cuando convocó o alentó una manifestación multitudinaria para protestar contra el pucherazo electoral. Porque podía pasar lo que de hecho ocurrió, que una manifestación con intención pacífica, fue transformada por alguien en una enorme representación de un supuesto golpe de Estado. ¿De verdad alguien puede creer que si las fuerzas de seguridad hubieran querido impedir el acceso de los manifestantes al Capitolio no lo habrían hecho?. Lo permitieron, e incluso lo alentaron instigados en algunos casos por activistas infiltrados de grupos de extrema izquierda convenientemente acompañados con periodistas con cámaras al hombro. El resultado fue que unos inocentes y estrafalarios manifestantes se vieron animados a entrar en el parlamento, pensando que estaban salvando la patria, cuando en realidad eran utilizados para aniquilar todo lo que creían defender. Así tanto el Presidente como sus partidarios quedaron como los fautores de un golpe de estado, cuando en realidad eran las víctimas de una gran conspiración para acabar con ellos.

    Jugada maestra. Jaque mate. It´s over. Por fin se ha pasado página a la pesadilla de un presidente no controlado. Todo ha vuelto a la normalidad, mejor dicho a la nueva normalidad reforzada y apuntalada. Ya no se ha vuelto a oír hablar de fraude electoral, ni siquiera de Trump. Es historia. Todo vuelve a ser maravilloso, las piezas vuelven a encajarse. Todo es demasiado bonito para que no sea otro maquiavélico plan de los globalistas, otra batalla ganada por ellos en esta guerra sin cuartel que se libra en el planeta tierra.

ADIOS PRESIDENTE (I)

     ¡Quién me lo iba a decir!. Que yo acabara despidiendo con nostalgia a un presidente de los Estados Unidos de América. Nunca me interesó demasiado la política useña. Y por ello cuando Donald Trump fue elegido como Presidente, lo percibí según me lo quisieron presentar, y fui uno más a quien su elección le pareció un estrafalario y casposo ejemplo de una América descerebrada e inculta, que imponía a un presidente zafio como reflejo de la propia incultura general de la masa. Así nos lo presentaron todos los medios de comunicación españoles, algo así como si los americanos hubieran elegido por presidente a un espantapájaros, y lo hubieran hecho para humillar a la superprogre Hillary, ejemplo de la modernidad y la “bienpensancia” concienciada. El tiempo poco a poco me ha ido sacando de ese error, hasta llegar a sentir nostalgia ante su inminente adiós.

        Hilaria era la buena, la amiga del pueblo americano y por extensión de todo el planeta civilizado «comme il faut«. La elegida por todo el capital internacional que actualmente domina la realidad, que la traía en carroza mediática destinada a ser la reina de la fiesta mundialista. Nos la imponía esa corriente poderosa que impone todo lo que debe ser, y que en un anglicismo más se ha denominado como “mainstream”. Pero no contaron con un pequeño detalle, la tozudez del pueblo americano, la gente corriente, el pueblo llano, que de vez en cuando no se deja dominar y que algunas veces prefiere vivir su vida aburrida, dedicarse a trabajar, a cuidar su familia, a comer carbohidratos, a salir a cazar o a hacer lo que le da la gana y se olvida de ver la televisión y todas las redes sociales por las que los tentáculos del poder nos controla. Por supuesto alguien que se atreve a ser libre y a pensar por su cuenta solo puede ser considerado como chusma cavernícola para el pensamiento dominante.

     Resultó que el pueblo prefirió al peculiar Donald. En contra de todas las previsiones y encuestas eligió a un tipo especial, hecho a sí mismo, que no comulgaba con toda la tontería ideológica de los pseudointelectuales oficiales que contonean su bellos cuerpos y raquíticas mentes en las pantallas de Hollywood. Un hombre de presencia rara y modales toscos que se enfrentaba al “stablismenth” de las grandes fortunas concienciadas de los  Bloomberg, Bezos, Gates, Zuckerberg, Soros y otras personas más poderosas y más ocultas. Éstos tomaron buena nota y les quedó muy claro que eso no podía volver a pasar.

      Y así, resultó elegido un Presidente que, a diferencia de otros, se dedicó a atender a su pueblo, que fue un gobernante preocupado por las necesidades reales de sus ciudadanos, más que un agente del poder globalista.  Resultó que fue el primer presidente de los Estados Unidos que no declaró la guerra a ningún país durante su mandato. A pesar de todo ello nunca le darán el premio Nobel de la Paz que sí le dieron a su antecesor, el bendecido Obama, que ordenó bombardeos en Afganistán, Yemen, Irak, Pakistán, Somalia y Libia, algunos de ellos con daños colaterales sobre la población civil. 

      Evidentemente con la presidencia de Trump el furor de la jauría mediática global se encendió sin límite, hasta el punto de que se le han dedicado todos los epítetos imaginables durante cuatro años. De tal manera que para el ciudadano medio español y europeo el presidente Trump ha sido poco menos que la encarnación de todas las maldades posibles. Y no digo gente poco informada porque en realidad la gente que piensa así es gente que recibe mucha información, pero lamentablemente una información sesgada, manipulada y falseada, es decir pura desinformación, que por otro lado es la única que proporcionan todos los medios de comunicación españoles, sin distinción de color político. Ha habido alguna rara excepción en este consenso global, como lo ha sido el profesor Jorge Verstrynge,  a quien su militancia de izquierda radical no le impidió ver con honestidad los valores presidente, más allá de las puras apariencias.

     Resulta inexplicable para los europeos que al menos la mitad de los ciudadanos americanos lo defendieran. Y tampoco tenemos explicación para el hecho de que todos los productos culturales sin excepción que llegan de ese país, sean escritos, musicales o audiovisuales, lo critiquen sin piedad. Hay una desconexión evidente entre la vida real y la realidad publicada. Las películas o las series de televisión se han convertido en auténticos panfletos. Serían muchos los ejemplos, pero por todos ellos me viene a la memoria una serie “made in usa” de abogados llamada algo así como “The Good Fight” en el que cada capítulo gira en torno a la obsesión de las personas de bien por derrocar a Trump, incluso mediante el fraude electoral al que se justifica descaradamente en el episodio 7 de la temporada 3ª, cuya visualización recomiendo como ejemplo de lo que sostengo en este escrito.

     Y parece que finalmente sí, que para evitar que el pueblo volviera a equivocarse, ha sido necesario acudir a un lamentable y descarado pucherazo electoral. Por supuesto está prohibido afirmarlo, a pesar de las evidencias notorias de graves irregularidades. Se impone la ley del silencio. Nadie debe hablar de ello. Incluso You Tube ha anunciado que eliminará cualquier video en el que se defienda la tesis del fraude electoral. Es lamentable tener que acudir a imponer esta auténtica censura para consagrar la elección de un gris y triste nuevo presidente, decrépito en lo físico, pero sobre todo en lo moral y que arrastra un vergonzoso curriculum de acusaciones de acosos sexuales, que por supuesto el movimiento “me too”  consiente y perdona. Tal vez solo las tolere de momento, porque todo parece indicar que el nuevo elegido no es  más que un títere al que se arrojará a los perros una vez utilizado, para dar paso a la verdadera designada por el poder, la vicepresidenta Harris, que reúne todo lo que lo que conviene para ser el nuevo presidente de los Estados Unidos: de una minoría racial, feminista radical, californiana y socialista. ¿Alguien da más?.

    De nada le ha servido a Trump desgañitarse desde las elecciones en gritar que él es el vencedor. Nadie le ha hecho caso, salvo una parte importante de su pueblo que sigue confiando en él . En la prensa española nadie ha informado con seriedad de los graves problemas que se produjeron en las elecciones presidenciales, que hacen que su resultado sea algo más que sospechoso. Silencio total. Nadie quería escuchar la verdad, no sea que se acabe rompiendo el juguete.

     Y así llegamos a la traca final de su mandato, que ha constituido el rarísimo asalto al Capitolio por una turba de frikis, donde creo que las fuerzas progres han ganado la batalla de la comunicación, gracias a la torpeza de un presidente en horas bajas y derrotado. Son demasiados enemigos y demasiado fuertes y al final le han doblegado. Pero sobre este asalto final al Capitolio daré mi opinión en otro escrito posterior.

ENSOÑACIONES

Hace ya más de un año que se dictó una de las sentencias más importantes y frustrantes de nuestra reciente historia como país. En ella el más alto tribunal de España entendió que el levantamiento y golpe de estado que en el año 2017 tuvo lugar en Cataluña fue una mera ensoñación. Durante mucho tiempo he estado cabreado con la sentencia pensando que era una prevaricación más de las tantas a la que nos tienen acostumbrados nuestros jueces tan bien aclimatados al ecosistema de las verdades oficiales.

    Pero a medida que pasa el tiempo, me voy dando cuenta que la sentencia tenía razón. Todo lo que pasó en Cataluña hace dos años, y todo lo que está pasando en España, es una mera ensoñación. Le doy las gracias a los altos magistrados por descubrirme el hecho de que los ciudadanos vivimos en una ensoñación colectiva, no percibimos la realidad sino un trampantojo que nos envuelve y nos mantiene ensimismados con los fantasmas que nos rodean por doquier. Son las nuevas artes del poder, la forma de control real de los ciudadanos. El poder que impera en Cataluña, generó una alucinación colectiva que llevó a los ciudadanos de esa parte de España a soñar que se independizaban, y una gran mayoría de ellos vivió esa ensoñación con la intensidad de una situación real. Pero no era real, sólo era fantasía onírica. Una de tantas ilusiones ópticas con las que nos manejan. Por ello hay que darle la razón al Tribunal Supremo al considerar que no hubo golpe de estado, sino ensoñación. No saben sus señorías que hoy en día las armas para los golpes de estado no son los fusiles sino las ensoñaciones. Pero sí que es evidente que no está tipificado en el Código Penal el delito de generar ensoñaciones al pueblo. Además si existiera ese delito todos los que ejercen el poder en España y diría en el mundo, deberían estar en la cárcel.

      La única realidad sobre la que tenemos certeza es que el poder se encarga de adormecernos, de narcotizarnos con sugerentes entretenimientos. Nos mantiene hipnotizados bien con procesos de independencia, bien con causas cuidadosamente escogidas,  y por supuesto con los deportes, con las músicas de moda, con las tendencias, con las estupideces de los trendings topics y las banalidades de las redes sociales y los programas televisivos de cotilleos. Que si una tonadillera salida de la cárcel se enfada con su hijo, que si una fulanilla es infiel a un galán de pacotilla, que a su vez la engaña con su mejor amigo. Todo vale para mantener la vista fija de la mayoría de los ciudadanos en un foco concreto con el que se mantiene entretenido sin causar problemas al verdadero poder. O para causarlos controladamente cuando hace falta a sus intereses que se causen. Ensoñaciones de todos los colores han recorrido el mundo cuidadosamente organizadas como movimientos supuestamente espontáneos que la mayoría de las veces han desembocado en auténticas pesadillas. Hoy la política no es el arte de gobernar, sino de manejar ensoñaciones, crearlas, modelarlas y utilizarlas para los fines propios. Un pueblo hipnotizado obedece ciegamente y sumisamente. Si al poder le interesa, deja que te rebeles un poquito, (me viene a la memoria el frustrante movimiento 15 M), cuando no le interesa exige que te quedes tranquilo viendo la televisión y no causes problemas. Las marionetas bajo los efectos de los opiáceos ni se enteran de las cuerdas con las que las manejan y en su delirio se ven a sí mismas como auténticas personas libres y con propia voluntad.

   La pandemia que atravesamos es un ejemplo de casi todo lo malo de lo que el poder es capaz de hacer. Ha tenido a la ciudadanía secuestrada y aplaudiendo por las ventanas, pero no se ha visto en televisión un solo féretro de las decenas de miles de muertos que nos ha causado. Un fontanero que vino a casa me contó que por publicar un vídeo con los ataúdes de los muertos del Palacio de Hielo de Madrid, fue expulsado durante un año de facebook. Eso no interesa y no se enseña, no sea que el pueblo se despierte. A quien le ha tocado el drama en su casa o su familia se ha dado de bruces con la terrible realidad del sufrimiento, el resto de las personas han seguido mayoritariamente enganchados a la ensoñación. Es sintomático que lo primero que regresó a las televisiones fuera el fútbol y los realities, que de hecho no se interrumpieron nunca.

La religión ya no es el opio del pueblo, hoy las adormideras las suministran los medios de comunicación de masas, internet y las redes sociales, éstos son los medios por los que nos llega la droga al cerebro, y que cada vez reclamamos en mayores dosis para evitar un síndrome de abstinencia creciente. Es paradójico que los medios que deberían mantener alerta a los ciudadanos y vigilando al poder, hagan justamente lo contrario, es decir vigilar a los ciudadanos al servicio del poder y mantenerlos adormecidos y en un estado de abotargamiento total.

    No seamos ingenuos, la ensoñación no se crea y mantiene para conseguir la felicidad del pueblo, sino que obedece a una estrategia deliberada de dominación. Mientras proseguimos en esta duermevela de hipnosis colectiva, en la que sólo es posible manifestar una felicidad somatizada en nuestras expresiones autorizadas, hay quien prosigue con su proyecto de asalto del poder, de la conquista de los cuerpos y las almas. Mientras nosotros dormimos el vigilante no descansa, y se ocupa en esparcir adormideras y en dar cada día una vuelta más a la cadena con la que nos aherroja.

   Pareciera que el manual de uso de la política ha pasado de ser «El Príncipe» de Maquiavelo a la “Vida es Sueño” de Calderón. Al menos ha llegado a ser una evidencia aquello de que hoy en día “todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”. Pero a diferencia de Segismundo que soñaba con la libertad estando prisionero, nosotros nos creemos libres mientras en realidad vivimos «de prisiones cargados«, es decir, en nuestro sueño no vemos nuestras cadenas reales. Y de eso se trata básicamente, de poner todos los medios para que permanezcamos en nuestra dulce ensoñación, mientras cada día se limita una vieja libertad, cada día se cercena un viejo derecho. Unos días es la propiedad, otro la libertad de expresión, otra la educación, la movilidad, la libertad de información, de pensamiento, … únicamente nos va quedando la libertad de soñar, pero por supuesto únicamente lo que nos permiten que soñemos.

      La velocidad de crucero que está alcanzando el proyecto liberticida es asombrosa, pero no lo percibimos apenas, porque la nueva normalidad ha impuesto ya el toque de ensoñación, a las diez o a las doce, según las ciudades. Y a esa hora todos debemos estar en nuestras casas sumisamente viendo series de televisión con las que nos adoctrinan y nos convencen de nuestra felicidad. Y todos los voceros mediáticos, apesebrados hasta límites inverosímiles, se niegan a informar de la realidad. Es esencial que el pueblo no despierte de la ensoñación. Como si  fueran Aurora Bautista, interpretando a Juana la Loca en la película de Juan de Orduña, le dicen a cualquiera que pretenda rasgar el velo de la ensoñación: “El pueblo duerme, no  lo despertéis” ….

   Pareciera que el manual de uso de la política ha pasado de ser El Príncipe de Maquiavelo a la “Vida es Sueño” de Calderón.

YEATS

 No sé por qué, pero hoy desde que me levantado he sentido la necesidad y el impulso de releer a Yeats. Y como cada vez que retomo el desgastado libro que recoge una breve antología de su obra, voy en primer lugar a mi poesía favorita : «The coming of wisdom with time» (traducida al español como “la llegada de la sabiduría con el tiempo”) . Sólo tiene cuatro versos, pero ¿para qué más? Dada su brevedad a menudo la recito mentalmente tanto en inglés como en español (reconozco que es la única poesía que sé balbucear en inglés, idioma que siempre me ha esquivado cuidadosamente). Quizás me evoca una vieja aspiración vital que consiste en que algún día yo pueda decir, tal como dice el poema, “ahora ya puedo marchitarme en la verdad”.

Transcribo aquí la poesía completa:

 

“Aunque las hojas son muchas, la raíz es una;
Durante todos los días mentidos de mi juventud
yo agité mis hojas y flores al sol;
Ahora puedo marchitarme en la verdad”

Though leaves are many, the root is one;
Through all the lying days of my youth
I swayed my leaves and flowers in the sun;
Now I may wither into the truth.

     Esos cuatro versos sirven para reconciliarme conmigo mismo, perdonarme la inconsciencia de la pasada juventud y mantener la esperanza de alcanzar todavía algo de sabiduría. Juventud como sinónimo de expansiva irreflexión. Sol como fuente de sabiduría. Madurez como plenitud y verdad. Ese debería ser el desarrollo vital de cada hombre, aunque en la realidad y en la práctica el proceso no es así. Cada vez menos las personas, hombres y mujeres, alcanzan la sabiduría con los años. Todo lo más se adquiere cierta experiencia, y en este mundo moderno continuamente cambiante la experiencia cada día sirve para menos. El propio Yeats en otro poema dice a propósito de que los hombres mejoran («improve«) con los años, ¿Es esto mi sueño o es la verdad?

Cada verso de este poema es un curso de filosofía de la vida. El verso inicial  nos recuerda la necesidad de volver la mirada a la raíz de donde nos llega la vida, a la esencia de las cosas  y a no perder el poco tiempo del que disponemos distraídos mirando las hojas, juzgando las apariencias y la superficialidad de las cosas. Las ramas, como la juventud, se alejan del tronco y de la raíz buscando el sol, pero cada vez más lejos del centro, más desconectadas del origen. A mi juicio uno de los problemas de la gente que formamos la sociedad actual es que estamos obsesionados con ser eternamente jóvenes, agitando las hojas y gesticulando ademanes de energía impostada, y muy pocos pueden presumir al final de sus años de haberse marchitado en la verdad.

    Esto último enlaza con otro de mis poemas favoritos de Yeats, el titulado “El segundo advenimiento”. En él hay unos versos que proclaman: “Todo se desmorona. El centro ya no puede sostenerse, la anarquía está suelta por el mundo…”  (Things fall apart; the centre cannot hold / Mere anarchy is loosed upon the world)

     Este poema es cautivador por la feroz crítica que hace al mundo moderno, alejado del Centro, de la raíz, al modo que un halcón da vueltas en círculos crecientes y llega a un punto en el que ya no divisa ni escucha al halconero (Turning and turning in the widening gyre / The falcon cannot hear the falconer). Critica el fanatismo y el poder de las masas y el triunfo sistemático de los peores.

Estos clarividentes versos parecen escritos para definir nuestros días:

                    “Los mejores de toda convicción carecen, mientras los peores
                       están llenos de intensidad apasionada”.
                     (The best lack all conviction, while the worst
                      Are full of passionate intensity). 

SALIDA URGENTE

    Después de muchos meses, he vuelto al teatro. No al enlatado Estudio Uno que por internet ha servido de alimento a los teatreros empedernidos como yo en los tiempos de confinamiento domiciliario, sino a un escenario real, con unos actores reales, con un público real, aunque convenientemente distanciado entre sí. Dado lo poco que me prodigo en salidas sociales y de ocio en los últimos tiempos, era esta visita a un teatro una necesidad que se estaba convirtiendo en una verdadera urgencia.

   Y si la última vez que fui al teatro, la obra me dejó un regusto amargo, que ya relaté en una entrada anterior («Juan Rana») , en esta ocasión la sensación ha sido totalmente contraria. He tenido la suerte de reencontrarme con el teatro con una obra inteligente, divertida y audaz. Un estreno englobado dentro de una propuesta teatral que han denominado sus promotores muy acertadamente como “Teatro Urgente”. Y es que es urgente recuperar el teatro y en general la cultura, pero no de cualquier manera sino generando propuestas interesantes en lo estético y también en lo ético.

     La obra  estrenada en el Teatro Galileo de Madrid, se titula  “En el lugar del otro” y son sus co-autores, Javier Gomá y Ernesto Caballero. Consiste en cuatro historias diferentes, de las que corresponden dos a cada uno de los autores citados. Si nos halláramos en el Siglo de Oro seguramente se les hubiera definido como entremeses, pero como estamos en el pedante siglo XXI, lo llamaremos propuestas.

    Las dos historias escritas por el filósofo Gomá, del que ya nos habíamos deleitado con su obra anterior “inconsolable”, son dos historias ingeniosas, pero sobre todo profundamente literarias. Es un placer escuchar sus textos, porque suponen la recuperación de la literatura para el teatro, no sólo el espectáculo, el entretenimiento y el ritmo, sino sobre todo el arte, la construcción del texto de manera cuidada y minuciosa, recuperando la más elevada utilización del idioma. Esto sobre todo se manifiesta en el texto de “Don Sandio”. Pero por supuesto el autor no puede ser ajeno a su preocupación por la ética y otras cuestiones puramente filosóficas que son su mundo, como filósofo en ejercicio. Éstas se hacen más presentes en el segundo de sus entremeses, titulado “la Sucursal”, que gira en torno al concepto de la “dignidad” como exigencia ética de todo ser humano para poder vivir, más allá de los condicionamientos económicos. Y sobre todo la necesidad de superar las apariencias a la hora de juzgar a las personas, puesto que quien a priori parece más superficial puede resultar finalmente tener más dignidad que aquel que se presenta en sociedad como un  Diógenes de pacotilla. Nos invita el autor a desconfiar de quienes desde una superioridad ética nos dan lecciones de conducta moral, y lo desenmascara haciéndonos descubrir que el supuesto referente moral no es más que un fariseo contemporáneo que puede vivir así no por virtud, sino gracias a una subvención del Estado y a costa de todos.

    Pero si las historias de Gomá son intelectuales y literarias, las dos propuestas de Ernesto Caballero, son de una audacia y crítica de la realidad actual poco frecuentes. Plantea problemas nucleares de la sociedad en la que vivimos, como son la soberbia de la juventud despótica e intolerante con unos padres y en general un entorno que le han facilitado todo, o la nueva moralidad que impone una censura implacable que evita el dialogo intelectual sustituyéndolo por dogmas y consignas. Todo esto está en la historia denominada “Que venga Miller”, siendo éste un supuesto intelectual heterodoxo al que se le niega asistir a dar una conferencia en la universidad porque no es del agrado de toda la élite instalada y dominante. Pero la crítica es más furibunda todavía en la última de las historias (“El reverendo Dogson”) donde se describe el fanatismo de nuestra actual sociedad en general para todo aquello que se aparte de su canon y en especial para observar tiempos pasados a los que se juzga retrospectivamente con nuestras deformaciones mentales sin ni siquiera comprender que otros vivieron antes que nosotros con otras perspectivas y valores, y posiblemente con mayor inocencia e ingenuidad. Y todo ello lleva a no comprender al diferente, sea de otro tiempo o de otro espacio, al cual sólo se le puede observar y juzgar desde la atalaya de los empoderamientos ensoberbecidos de una sociedad fanatizada, que se niega a admitir algo que no sean sus propios puntos de vista. Denuncia con mucho  fundamento la implantación de un nuevo puritanismo y un nuevo decoro que es la antesala de la censura y la intolerancia.

       Gracias Gomá, gracias Caballero, gracias a la directora y a todo el elenco de la obra. Esperamos con expectación nuevos textos y nuevas propuestas, quiero decir entremeses, tan interesantes, tan valientes, tan literarias y tan poco frecuentes en la escena española.

BIENVENIDA ELISA, TÚ ERES LA SOLUCIÓN.

    No, no estoy dando la bienvenida a una prima de mi padre que tiene ese nombre. No me refiero a una opinadora lenguaraz, sosias de Merryl Streep, que va esparciendo su escasa preparación por las tertulias televisivas. No me refiero a ninguna persona de carne y hueso  a la que sus padres decidieron imponerle ese nombre.

   Me estoy refiriendo a otra Elisa, la que como una visita inesperada  se puede presentar en tu casa para hacerte pasar la prueba del algodón de tu ortodoxia democrática.

     Pudiera parecer una adivinanza pero no lo es. Hemos conocido que un organismo público al que pagamos todos los españoles llamado Centro Criptológico Nacional, (CCN-CERT) dependiente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha parido a la tal “Elisa”, que no es una funcionaria rubia, con minifalda y gafas, sino un protocolo o una solución para la defensa nacional.

     Parece ser que ese organismo público ha sido creado para defender a España de los ataques cibernéticos y para la ciberseguridad del Estado y de los españoles en general. Loable misión en un momento en el que las guerras se libran en el ciberespacio y la protección de tu nación exige la creación de batallones virtuales que patrullen las redes de internet. Para ello este organismo ha creado una serie de protocolos  que aportan distintas soluciones para defender incidentes o vulnerabilidades,  y a los que ha bautizado con nombres de mujer.  Y  así están Ana, Vanesa, Amparo, Lucía e Inés entre otras. (No vamos a entrar aquí en el tufillo feministoide de sólo emplear a mujeres, ahora que hasta los huracanes alternan los nombres masculinos y femeninos. Pero no nos distraigamos). Todos esos nombres, obedecen a figuras de autodefensa o protección de la seguridad nacional razonables. No podemos permitirnos ser atacados por otras potencias o por ciberdelincuentes de cualquier tipo.

Pero entre estos nombres, aparece incluido como uno más, uno que es realmente inquietante: Elisa.

     Elisa ha sido creada para rastrear las redes y las plataformas de internet en busca de lo que esta criatura considera enemigos de la democracia. Y lo inquietante es quienes son para esta señora los enemigos de la democracia, de la estabilidad y de la seguridad nacional. No son los terroristas, los yihadistas, los cibercriminales, los piratas, los hackers, los pedófilos, los  delincuentes de cualquier clase,…. No son ninguno de ellos, los verdaderos enemigos de España son quienes “erosionen la confianza en las instituciones públicas” y en particular  erosionen lo siguiente :

  – Confianza en el pensamiento científico.

  -Confianza en las instituciones públicas nacionales.

  -Confianza en las instituciones públicas multilaterales.

  -Confianza en el sistema económico y financiero.

  -Confianza en los medios de comunicación tradicionales.

    Si en la nueva normalidad se hubiera creado ya un sacramento laico de confesión, habría de confesarme de haber pecado contra estas cinco confianzas teologales. De hecho soy carne de excomunión por la contumacia en el pecado y la falta de arrepentimiento. Prácticamente para Elisa es peligrosa cualquier discrepancia sobre cualquier cosa. Para ella y sus amos es pecado decir que las televisiones manipulan la información, que la OMS es un nido de comunistas al servicio de China, que los comités de expertos del gobierno son unos ineptos, o lo serían si realmente existieran. Debemos felicitarnos, todavía podemos hablar de futbol. Aprovechemos, ya que pronto será sospechoso afirmar que Messi no es el mejor futbolista del mundo.

    Pero Elisa, sobre todo tiene una particular fijación, además de las anteriores, que consiste en señalar y combatir todo aquello que se considere como antiglobalista. Considera que el pecado más potente, pecado mortal o incluso contra el Espíritu Santo, que es el único que no admite perdón, es precisamente éste, el antiglobalismo.  

     Su informe destaca que «las narrativas antiglobalistas tienen una naturaleza antisistema contrarias a las instituciones democráticas y pueden suponer una amenaza directa para la cohesión social, la estabilidad, incluso la salud del país. La crisis de la Covid-19 ha favorecido un gran crecimiento de estas narrativas, así como de las fuentes digitales que difunden este tipo de contenidos. Sólo entre el mes de abril de 2020 y septiembre de 2020, el ‘Observatorio Digital Elisa’ ha detectado 1.808 contenidos antiglobalistas difundidos en 157 plataformas».

    No se puede decir, sin ser enemigo de la democracia, que determinadas élites mundiales imponen su poder con la ayuda de sus lacayos progres. No se puede hablar del poder de Soros y su corte luciférica de vasallos, porque viene Elisa a visitarte y a poner orden en tu desinformada casa y con un poco de suerte a bloquearte y a silenciarte. Si opinas así, en uso de la libertad de expresión más básica, estás generando desconfianza en las instituciones y pasas a ser un enemigo del pueblo.

     El proyecto Elisa, que puede recordar el “proyecto bartolo” desarrollado por la TIA de Mortadelo y Filemón en una de sus más delirantes historietas, es cualquier cosa menos gracioso. Es inquietante y perturbador, y demuestra como el Estado va perdiendo la neutralidad y va pasando ya a defender sin tapujos a los amos de quienes lo controlan en la actualidad. ¿Qué mayor prueba de la existencia de esas élites de poder global que poner a sus esbirros y lacayos a trabajar para negar y ocultar su existencia? Es mucho más cómodo permanecer en la sombra imponiendo su poder entre bambalinas y sin dar la cara.

Sí, señora Elisa, repita conmigo: cuando un Estado no es neutral y no está al servicio de los ciudadanos con independencia de su ideología deja de ser legítimo. Si Elisa, lo siento, pero si dejamos de confiar en el Estado y sus instituciones, no puede restaurarse la confianza por decreto ley, ni siquiera promulgando un estado de alarma o excepción. Escucha Elisa, es lícito rebelarse contra un estado que se ha pervertido. Atiende esto Elisa, es lícito luchar contra cualquier tipo de dictadura.

    Recordemos que por un desliz de un general del Guardia Civil en una rueda de prensa en Moncloa supimos que estaban monitorizando las redes para controlar lo que se decía en ellas en plena pandemia. Ahora sabemos que el general se refería a Elisa, esa “metomentodo” gruñona que se presenta sin avisar y se chiva de tus pecadillos de antiglobalizador de tertulia de café. Otro paso más en la censura y pérdida de libertades que vengo denunciando desde que comencé esta pobre bitácora.

Yo propongo a ese importante Centro de lucha cibernética, que jubile a Elisa, y que fiche a Facunda, con la finalidad de entretener al personal, o a Jacinta, con el propósito de hacernos sonreír, o a Ramona, para ponernos cachondos. Son objetivos más loables que éstos a los que actualmente se dedica.

     Sé que este blog es una gota en el mar del ciberespacio, pero como no dudo de su competencia y minuciosidad, sé que en cuanto publique esta entrada, me va a visitar Elisa. Sé bienvenida, pasa y tómate un «cafelito», que lo cortés no quita lo valiente.       

DESOLACIÓN

   Si alguna virtud tiene el gobierno que actualmente tenemos en España es que sabe sacar lo peor de mí prácticamente cada día. Algún día se despista, pero no es lo habitual. Es una máquina prácticamente perfecta de generación de crispación y odio. Como  gobierno es nefasto en su gestión, pero genial en su labor de fastidiarme a diario.  Cuando no abandera una ofensiva republicana, perpetra una burda manipulación de la justicia, o defiende una agresiva ley de eutanasia, o se entretiene en el blanqueamiento de terroristas, de separatistas, de okupas … defiende casi todo lo que yo detesto. Trabajan a destajo en la conformación de la nueva normalidad mientras parece no importarle un virus que nos acosa a diario y tal vez por estar distraídos en sus asuntos están consiguiendo que seamos el peor país del mundo en datos sanitarios y económicos.

     Esta semana,  una cualquiera en los albores de la era de la nueva normalidad entre el verano y el otoño,  ha presentado la vieja novedad de amenazarnos con otra ley de revanchismo y odio, a la que han denominado como ley de memoria democrática.

     Ante las agresiones deliberadas del gobierno y sus acólitos mediáticos suelo alternar varias actitudes, según el talante con el que me levante ese día.  Unos días adopto la técnica del avestruz, es decir aislarme de la realidad y no escuchar nada, absolutamente nada de las noticias y la actualidad. Me niego a recibir cualquier noticia que sea posterior al Siglo XVI, y éstos suelen ser los días más felices para mí.  Otros días practico una aparente indiferencia, elegante pero perturbadora. Y otros como hoy, opto por el exabrupto. Y ello da como resultado el presente escrito, fruto del deseo de obtener un desahogo personal por medio de un pataleo digital.

     Los generadores de odio que nos gobiernan hoy han tenido un día particularmente perfecto, y seguramente han conseguido ir incluso un paso más allá de lo que perseguían, han sobrepasado el efecto de causar enfado y han alcanzado un grado más: el de generar desolación. Esto seguramente es un grado más en su escalafón, un mérito en su hoja de servicios, un entorchado más en su uniforme. Su nueva graduación les avala su maestría, no ya como generadores de odio, sino como generadores de desolación. Cabría suponer que eso les hace felices, pero sabemos que no, que sólo estarán satisfechos con la aniquilación y desaparición física de sus adversarios.

      No sé si es legítimo un gobierno que tiene por objetivo conseguir que prácticamente la mitad de su población caiga en un estado de desolación. Probablemente lo sea, pero es particularmente triste que tengamos que soportar un poder que nos odia, que aborrece y detesta a una parte significativa de sus gobernados, y ello únicamente por pensar de manera diferente, por no ser miembro de la secta. Como su gestión efectiva en casi cualquier materia es desastrosa, sólo cabe pensar que cada mañana se levantan con el único propósito de fastidiar y de ser buenos y eficaces en el único campo en el que lo son, en causar desánimo, en generar desolación.

       Lamentablemente así y no de otra forma empiezan las guerras civiles, con el encono cultivado cuidadosamente. Cuando parte de la población llega a la convicción de que no hay alternativa para sobrevivir, que se enfrentan a un poder al que únicamente le basta una sumisión total y completa tanto de los cuerpos como de las almas. El procedimiento que siguen tiene como primer paso inyectar una dosis generosa de odio, al que lógicamente reaccionas con un odio reflejo. Pero como insisten te planteas que no quieres vivir con tanto odio acumulado y ello te lleva a caer en la desolación. El paso siguiente es la angustia por ver desaparecer tu mundo, luego el miedo total. Y cuando se juntan todos esos estados a la vez en una sociedad,  el resultado es la opción entre asumir la propia esclavitud o el alzamiento contra el opresor. Esta nueva ley y tantas otras acciones de este gobierno generan el efecto de  que conozcamos de primera mano el sentimiento de los españoles que se levantaron hace ochenta y cuatro años y que les comprendamos hasta el punto que nunca hubiéramos debido llegar a comprenderles.

      Seguramente lo que persiguen es tener una segunda oportunidad, ya que se consideran herederos directos de los derrotados en la última guerra y no soportan haberla perdido. Aunque son unos maestros en cambiar la historia hay hechos que ni siquiera ellos pueden cambiar. Su derrota fue tan absoluta y total que no caben reinterpretaciones ni visiones alternativas de aquella evidencia. En vez de optar por el olvido y la reconciliación, como generosamente habían hecho los herederos de los vencedores, han optado por el recuerdo, la revancha y el rencor. En el fondo es poco inteligente, porque el recuerdo puede generar un regusto retrospectivo de traer  a nuestra memoria, tan democrática como la otra, la visión casi olvidada de como huyeron con el rabo entre las piernas. Sin proponérselo nos traen la memoria de una victoria y de una derrota total. Por eso su objetivo real es imponer una visión única y controlada del pasado, como medio para aplastar ese placer retroactivo que ellos mismos generan al remover las cenizas. Es decir sólo estará permitido acordarnos en la nueva memoria selectiva que trae la nueva normalidad de aquello que ellos decidan.

        Y por ello antes de que sea delito conforme a la nueva ley mordaza anunciada, quiero dejar escrito que me alegro profundamente la victoria del bando nacional en la Guerra Civil que tuvo lugar en el siglo pasado, y a la vez me alegro profundamente de la derrota del frente popular y de la república sovietizada, a la que abandonaron todas las democracias europeas por su deriva totalitaria, comunista y estalinista.  Es una simple opinión histórica y política, pero dentro de poco será un delito. Nunca me había planteado decirlo abiertamente, porque aun pensándolo, creía que no era necesario remover el pasado y porque en un afán de concordia me parecía lo educado y prudente no decir cosas que pudieran crispar y disgustar a otros conciudadanos. Pero este Gobierno que tenemos nos ha enseñado el camino a seguir, hay que dejarse de cortesías y decir abiertamente lo que se piensa. Hagámoslo. Porque si nos callamos sólo será interpretado como un acto de cobardía, no un gesto de cortesía.

       Por eso antes de que sea delito, quiero dejar dicho que Franco es lo mejor que le pudo haber pasado a España en el siglo XX y es posiblemente el mejor gobernante que ha tenido España desde que existe como nación moderna. Con enormes claroscuros, como toda gestión que se prolongue varias décadas, su valoración global es francamente – valga la redundancia- positiva.  A su muerte quedó una nación próspera, dinámica, bien organizada y una sociedad respetuosa, laboriosa y educada. Es ésta una opinión sobre un periodo de la historia de España, la cual puede ser acertada o errónea. En todo caso yo si puedo aceptar que no todo el mundo la comparta, pero en ningún caso se me ocurriría meter en la cárcel a quien no lo haga y tenga una opinión diferente.

     Esta ley en particular además de ser liberticida y totalitaria, es una ofrenda que la izquierda rosa, la de los devotos de Soros, le proporciona a la izquierda roja, la rencorosa y asesina de curas. A esta izquierda de siempre, sin que se haya dado ni cuenta, le han escamoteado su bandera roja con la hoz y el martillo del primero de mayo y le han dado el cambiazo por la bandera arcoíris del día del orgullo gay. Con leyes guerracivilistas como la anunciada les mantienen fieles en su filas, pese a que ya no defienden casi nada de aquello por lo que murieron sus abuelos en las trincheras.

    Parece que el resultado final será derribar la Cruz de Cuelgamuros. La más grande de la cristiandad. Continúa la tala de cruces que ya anunció  José María Pemán en su poema:

           “Una mano secreta desde la noche oscura,

 ha ordenado una siega satánica de cruces”.

       Conocemos al segador, que se sienta en el banco azul del Congreso, pero ¿quién es la mano secreta?

LOS VIAJES EN LA MEMORIA: EL HIERRO

   Por el confinamiento, el estado de alarma, el virus y los miedos variados, el viajar se ha limitado mucho este año. Por ello perduran en mi memoria más que en otros anteriores los últimos viajes realizados. El penúltimo fue por Sicilia y creo que diré algo sobre ese lugar en algún momento. Y el último viaje, allá por el principio de año pre-pandémico, fue a la isla de El Hierro. Uno de los confines y lugares más remotos de España, siempre visto desde el «madrileñocentrismo» con el que inevitablemente nos movemos quienes vivimos en la Capital. Si España es un todo no hay por definición unos territorios más  que alejados de otros, pero no cabe duda que incluso en esta visión integral hay periferias, y esta isla es posiblemente uno de los territorios más periféricos. Por supuesto descontando como parte de España las islas del Pacífico que todavía legalmente pertenecen a nuestro país por no haberse cedido formalmente su soberanía en ningún momento, como son un par de islotes del archipiélago de Las Marianas.

  Esto es anécdota y no tiene nada que ver con la isla de El Hierro, que es un trozo esencial de España, como lo son todas las partes de la península y las islas que forman nuestro bello y complejo país. Tengo debilidad por aquellas partes de España que se asienta en islas. Desde luego no las conozco todas, pero alguno de los lugares más bellos y fascinantes los he encontrado en islas como Fuerteventura, La Palma, Menorca, Formentera, La Graciosa e incluso, por qué no, en el bello islote de Tabarca.

    Pocos lugares me han impactado tanto como la isla de El Hierro. Y tal vez sea por que es no sólo es una isla en sentido geográfico, sino también al menos para el visitante,  en sentido mental e incluso temporal.  A lo mejor fue pura casualidad el llegar y encontrar dentro de mi la tranquilidad y la paz interior. O quizás me atraparon fuerzas telúricas que de manera subconsciente generan bienestar. No lo puedo saber con certeza y tal vez nunca lo averigüe.

Cuando me he planteado escribir sobre ella, lo primero que me ha surgido es la duda de si hago bien o hago mal alabando sus virtudes. Sé que todo el mundo quiere atraer visitantes para que con ellos vengan recursos con los que prosperar económicamente. Pero gran parte de la atracción que tiene la isla es precisamente la ausencia masiva de visitantes. Puede que influyera el haber ido en el mes de enero, que es una temporada poco activa para el turismo. Quizás tenga por ello una idea deformada, pero es aquélla tan encantadora que no me merece la pena despejar la duda. En todo caso, aunque en  verano pueda ser diferente, sospecho que dada la pequeñez de su aeropuerto y la ausencia de grandes infraestructuras hoteleras la contaminación turística no debe ser especialmente invasiva. Pero me reservo el derecho de volver en otro momento, siempre intentando hacer prevalecer en mí la condición de viajero sobre la de turista.

      Como intentaba decir más arriba, tengo remordimientos por si el elogio pudiera incitar que se visite esa isla tan extremadamente aislada, tan bella y tan tranquila.  Y no quiero hacer de este escrito un catálogo turístico con una relación de sus innumerables lugares bellos o pintorescos, porque no sabría hacerlo y olvidaría sin duda muchas cosas de interés. Ni tampoco quiero caer en la tentación de encadenar un rosario de adjetivos y lugares comunes sobre las bondades del lugar.

   Pero no puedo resistirme a constatar el hecho de que apenas puedo imaginar un lugar más bello que el bosque de laurisilvas por los que pude pasear con extremada soledad y silencio. Como si de muñecas rusas se tratara, allí me encontré con una isla dentro de la isla y en ella me sentí como un náufrago a la deriva entre los húmedos árboles de figuras fantasmales bajo la niebla y la llovizna. En esa segunda, o tercera isla si consideramos como tal el estruendoso silencio, alcancé la sensación de no formar parte del mismo mundo en el que vivo cotidianamente rodeado de asfalto, coches y ansiedades. Fue como cruzar un túnel del tiempo para transitar por un rato por un mundo primigenio y sin contaminar. Pareciera que toda la isla estuviera pensada como un tabernáculo para custodiar ese pequeño sanctasanctórum, donde se sublima el misterio de la naturaleza.

       Fue imposible captar en fotografías la magia de ese lugar, del que me resistía a partir, y al que prometo firmemente regresar. O tal vez sea mejor no hacerlo y conservar su imagen en mi memoria.

Allí mirando el atardecer sobre el mar desde una terraza del parador en que nos alojábamos y desde donde se puede respirar la espuma de las olas, escribí estos versos que ahora me transportan a ese mágico momento, y que -con un poco de pudor- quiero compartir con los lectores de este blog.

EL HIERRO
 
Roca varada en la eternidad
imprudente frente a las olas.
Si he llegado hasta esta isla somnolienta
será para respirar el silencio.
Guardo tu secreto. Será mi tributo a los bosques
que custodian el oculto relicario de laurel, musgo y paz,
entre la bruma y las viejas sabinas retorcidas.
Muero de impaciencia por que huya la niebla
para contemplar bajo el sol tu rostro.
Nadie te profanará en mi nombre:
serás en mi memoria el volcán perezoso
que acaricia la espuma,
la armadura herrumbrosa
que en la fragua infernal viejos dioses forjaron
y cubrió de esmeraldas la lluvia.
 

GLOBALIZACIÓN

En este mundo de descreídos, hay pocos que creen en Dios, pero todavía son menos los que creen en el demonio. El demonio según el Nuevo Testamento fue quien tentó al mismísimo Jesús con otorgarle el poder “sobre todos los reinos del mundo y la gloria de ellos”. Jesucristo rechazó esta tentación. Pero teniendo en cuenta que al día de hoy existe un poder global sobre toda la tierra y sobre todos los reinos del mundo, sólo cabe colegir que quien lo tiene lo ha recibido de quien puede darlo. Y si creemos a los Evangelios éste sería el demonio. Alguien habría aceptado el ofrecimiento del poder total sobre todas las naciones. Quizás ello nos lleve a replantearnos la existencia del diablo.

El diablo, el demonio o Satanás, son figuras demasiado casposas para la modernidad. Resulta más elegante presentarse, o semiocultarse, bajo la advocación de Lucifer. Como un ángel heterodoxo, portador de la luz, de la razón, de la modernidad y que anuncia un paraíso final socialista, en vez de la hecatombe del Apocalipsis, que vaticinan los cuervos de la caverna retrógrada. Mejor todavía esa corriente de poder la simboliza Prometeo, que es un Lucifer sin la pátina clerical. No es casualidad que la estatua de Prometeo presida unos de los grandes templos del mundialismo que es el Rockefeller Center de Nueva York.

PROMETEO EN EL ROCKEFELLER CENTER

Si católico es lo universal para Dios, globalización es lo universal para el demonio. A la vista del avance imparable de la Globalización sobre el planeta, se puede deducir que el demonio es quien está imponiendo por medio de sus esbirros  un poder total y global sobre toda la tierra y sobre todos los hombres. Parece que alguien sí que ha aceptado la tentación de tener el poder sobre todos los reinos del mundo. Y ese poder crece día a día, por Oriente y por Occidente por el Norte y por el Sur, hasta que no quede ni un hombre sin someterse, ni un rincón del planeta en que no muestre su presencia

Tolkien, ferviente católico, comprendió esa presencia oscura, vigilante y poderosa y la describió como nadie, pero con una mitología que evitaba nombrar al maligno por sus nombres habituales. Aunque, en mi opinión, fue demasiado optimista al suponer una victoria del hombre libre en la batalla final. Por otro lado como símbolo está bien, pero es dudoso que ese poder lo ostente un sólo hombre en la cumbre. Si el cristianismo extendió su poder por medio de apóstoles misioneros y por medio de una organización casi perfecta, con la que extendió San Pablo las redes de pescador de San Pedro por medio mundo. De manera análoga su eterno enemigo también se mueve por medio de una potente y compleja organización, en la que no faltan fundaciones, partidos, organizaciones, movimientos, revoluciones de colorines y multitudes de adeptos y secuaces. Y con una nueva red inmaterial a su disposición, como una hidra con millones de cabezas y terminales, como una tela de araña que atrapa las almas desprevenidas.

    El filósofo marxista italiano Diego Fusaro, ha denominado ese poder global como el “amo cosmopolita”, al tiempo que denuncia que las izquierdas actuales son el instrumento del que se vale para imponer su voluntad. La izquierda abandonó sus postulados tradicionales para levantar banderas que favorecen al gran poder más que a los trabajadores oprimidos. Por ejemplo, si el amo quiere mano de obra barata y manejable, conseguirá que toda la progresía defienda la apertura de fronteras y llegada masiva de pateras, aunque ello lleve a miles de personas a la muerte y sea contrario a los intereses evidentes de los trabajadores locales. Y según este clarividente filósofo, para este “amo no border” todo aquello que se le opone y se enfrenta a él,  es directamente fascista. Para este poder es fascismo,   “todo lo que no es orgánico del pensamiento único políticamente correcto y éticamente corrupto”. Casi todos encajamos en mayor o menor medida en esa definición y por tanto somos fascistas. Quedan pocos escondites para escapar al poder total.

Yo tengo mis resistencias mentales para creer en la existencia del demonio, pero tengo la sensación de que este poder omnímodo universal trasciende a la voluntad humana. Quizás va ser verdad aquello de que la mejor estrategia del demonio es hacer creer que no existe.