TRAIDOR, INCONFESO …. ¿Y MÁRTIR?

Mes de agosto. Cuando la vida era normal, éste era un tiempo de total paralización de la vida política. La gente se retiraba de la corte y dejaba por un tiempo dormitar sus ambiciones. Seguramente esta languidez era utilizada para avanzar por los malvados aprovechando que la gente normal, es decir, los que tenemos una vida normal, estábamos por así decirlo atontados remojándonos en el mar y concentrados en una paella en un chiringuito playero, o dando brincos al son de la charanga haciendo tiempo para irnos a la cama un poco achispados después de los fuegos artificiales en las fiestas de cualquier pueblo de la geografía patria.

  Parece que esto ha cambiado, agosto ya no es como era, la diferencia más importante es que los malvados son ahora los que descansan, se dedican al buceo y a la molicie con su familia, mientras el país arde ante su indiferencia. La gente normal estamos en un “sinvivir” contemplando indefensos cómo se chamuscan nuestros bosques, y como nos invade la morería, mientras que quien tendría que estar al pie del cañón, retoza desde su palacete bien abastecido por todos los españoles,  tocando la lira de la molicie, como un Nerón cualquiera de pacotilla. El que haya llegado leyendo hasta aquí, y no haya abandonado por superar lo escrito los ciento cuarenta caracteres, habrá deducido que me estoy refiriendo al actual, y espero que, por poco tiempo, presidente del Gobierno.

   Creo que en este blog le he dedicado  a este sujeto demasiadas palabras desde que comencé a escribirlo, creo que he desgastado demasiados adjetivos con el chulángano de marras, pero es que cada poco se supera en su descaro y desfachatez, y aunque me propongo olvidarme de él y escribir sobre otras cuestiones, me lo pone imposible.

     Espero que realmente ya quede menos para para perder tiempo con sus chulerías de estadista de todo a cien y por fin llegue pronto su destitución. Pero no las tengo todas conmigo. Creo que está demasiado aferrado al avión privado, al palacio gratuito y a la adulación de sus acólitos y gacetilleros de cámara para no sentir la tentación de seguir, incluso por medios que no sean los estrictamente legales. Muchos tenemos la fundada sospecha de que algo está tramando para seguir encaramado al poder. Y dada su acreditada falta de escrúpulos, su ambición, su narcisismo y por qué no decirlo, su suerte para alcanzar y conservar el poder, muchos nos maliciamos que algo está cociendo para perpetuarse en la poltrona.

    No sabemos realmente cual va a ser su próxima actuación, si será directamente un pucherazo electoral, como los que ya se ha probado que hizo en su partido, o bien un decretazo de suspensión electoral por una alarma real o inventada. Quizás una emergencia climática. Sabe Dios qué pasará por su ambicioso caletre. Se ha hablado mucho de su manipulación del censo, colando a millones de nietos de españoles, o regalando nacionalidades españolas a cambio de unos cuantos votos. Realmente no lo sé y no lo sabremos hasta que llegue el momento y seguramente nos pille con el pie cambiado y sin capacidad de reacción. Es tal el temor y el estado de ánimo en el que nos mantiene, que uno tiende a pensar que realmente este señor es una maldición con la que hay que convivir como con un forúnculo persistente a cualquier antibiótico.

    Pero lo realmente preocupante no es su persona. Esto es solo una desagradable presencia, que en su inmarcesible vanidad, se cree joven, guapo y molón, cuando en realidad su sola presencia es para mí simplemente un emético absolutamente eficaz. Pero como digo, esto no es lo peor. Podría ser simplemente un chuleta de barrio inofensivo, pero es que no es así, es un elemento ladino, interesado y profundamente traidor, y por todo ello extremadamente dañino para España.

     Este es el verdadero papel de este Presidente, ser la encarnación de la traición a la nación española. Ya su antecesor socialista, su mentor y profesor en el arte de traicionar a España, llegó a decir que la nación era un concepto discutido y discutible. Por supuesto solo lo es la nación española, que ninguna objeción se hace a la nación catalana, marroquí, china o incluso palestina.  Es una constante en la izquierda la de traicionar los intereses de España buscando no sé cuales fines de armonía universal o planetaria que casi siempre ocultan la realidad y es que lo único que persiguen es hacerse inmensamente ricos.

     La historia de las traiciones de la izquierda podría ocupar varios volúmenes, que podrían empezar por la extraña entrega por el progresista Sagasta de Cuba y Filipinas a los Estados Unidos. No se tienen pruebas concretas contra don Práxedes, pero la sospecha que rodeó a tal ignominiosa rendición no se han disipado todavía.

     Pero no hace falta ir tan lejos en el tiempo para hacer un completo catálogo de traiciones por el actual presidente del Gobierno.  Si traicionar es no ser leal a tu nación y anteponer los intereses de potencias o ideologías ajenas a los propios del Estado al que sirves, creo que puede convenirse que el Presidente actual es un traidor. No sé si sus conductas encajan exactamente en los tipos penales y por ello no pretendo imputarle un delito como tal. Ni soy penalista, ni pretendo serlo. Pero más allá del concepto penal de alta traición, hay un concepto moral, puramente político, o si se quiere histórico con el que adjetivamos  a personajes como el Conde don Julián, Antonio Pérez o al mismísimo Godoy, que se hacía llamar Príncipe de la Paz, en un epíteto que le cuadraría como un guante al declinante ex presidente Zapatero. Sorprendentemente el pueblo a este sujeto le apodaba el “choricero”, que parece que también le encajaría bien al expresidente de los joyones.  Y en este sentido histórico de grandes traidores a España, creo que debería incluirse al actual Presidente Sánchez.

      Atendiendo a los informativos son bastantes las veces que tienes la sensación de que actual presidente ha comprometido la  dignidad o los intereses vitales de España, y presuntamente ha mantenido inteligencia o relación de cualquier género con Gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, Organismos o Asociaciones internacionales o extranjeras. Pero de esta gavilla de supuestos, simplemente voy a centrarme brevemente en tres de ellos: Su actuación en Gibraltar, su actuación en las relaciones con Marruecos y con el pueblo saharaui y su posición en la masacre de Gaza

      Comenzando por esta última, puede sorprender que defender a los desheredados palestinos de los atropellos cometidos por el Estado de Israel pueda considerarse una traición a España. Pero realmente lo es, porque al hacerlo de manera tan vehemente y radical lo ha hecho no por defender una causa que pueda ser justa, que él como persona particular podría defender y nadie se lo reprocharía. Pero no es un particular sino el presidente de una nación y por encima de sus filias o fobias debe estar el interés de España, y si al hacerlo de manera flagrante va contra intereses diplomáticos, económicos y de otra índole, estaría trabajando no para España, sino para Organizaciones internacionales que pueden tener intereses contradictorios con los españoles, y ello con fines de pura propaganda personal, de crearse una imagen concreta que le posiciona como un caudillo en las huestes progresistas internacionales en cuyo seno quiere prosperar y tal vez ser acogido a  mesa y mantel el día que abandone el poder. En resumen su imagen de vigoroso antisionista y de némesis de Trump, la hace a costa de los intereses de todos los españoles y trabajando para Organizaciones de un sesgo ideológico radical o por intereses electorales y para contentar a su menguante parroquia. Y no se trata de bailarle el agua a Israel o a los Estados Unidos, se trata de no crear gratuitamente enemigos a España para satisfacer el ego de un dirigente traidor y corrupto. Enemigos que se crean por su exclusivo interés, pero cuyas consecuencias negativas las sufre España.

    En la cuestión de Gibraltar, realmente me deja atónito y totalmente desesperanzado la absoluta dejación de los intereses españoles en manos de las élites más siniestras que defienden intereses espurios de los paraísos fiscales y otras camarillas globalistas masónicas o británicas, que vienen a ser lo mismo.  España ha perdido la oportunidad histórica de acabar con una situación colonial, con la última colonia que persiste en territorio europeo. Realmente solo alguien a quien le importa un pito España y su dignidad ha podido permitir semejante acuerdo que ha concluido con la consolidación ad eternum de la realidad ignominiosa de Gibraltar. Se ha desperdiciado una ocasión única con el Brexit para renegociar y ponerse firme en la posición de la soberanía y sin embargo el resultado ha sido todo lo contrario. Y este coste de oportunidad irremediablemente perdida puede ser por pura negligencia, pero cuesta creerlo.  Mi opinión no puede ser otra que la de que nuestros gobernantes, una vez más,  nos han traicionado, han atendido intereses ajenos en vez los que les correspondería defender. Han trabajado para otras potencias y poderes fácticos distintos de los del Estado español. No sé para el Código penal, pero esto para mí es traición.

    La sospecha de traición se vuelve clamorosa y resplandeciente cuando los españoles vemos atónitos la posición de nuestros gobernantes con el presidente a la cabeza en relación con nuestro hostil vecino del Sur, con Marruecos y con el cobarde y ruin abandono de los saharauis para gran satisfacción de un reyezuelo feudal. La defensa sin vergüenza del Gobierno de todo lo que interesa, propone o persigue Marruecos es escandalosa. Y lo hacen ya a banderas desplegadas, sin disimulo alguno. Realmente somos muchos los que no entendemos nada.

      Marruecos es objetivamente para España un vecino incómodo y hostil, con el que conviene llevarse bien, pero sabiendo esto precisamente, que no es un amigo, sino un enemigo al que es necesario controlar. No es posible que se considere un país amigo quien pretende continuamente y sin disimulo robarnos una parte de nuestro territorio, como son Ceuta, Melilla, las Chafarinas, Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Guevara, el islote de Perejil y por supuesto las Islas Canarias, con todas las aguas territoriales y sus recursos. No puede ser amigo quien nos hostiga periódicamente con oleadas de personas, como misiles de una guerra híbrida. No puede ser amigo quien espía los teléfonos personales de los gobernantes y supuestamente les chantajea. Y si todo esto es una verdad incuestionable, no se entiende que nuestros gobernantes defiendan cada cosa que hace o dice Marruecos, que se les justifique cada conducta hostil e insistan cada vez que tienen ocasión en que son una nación amiga. Con amigos así, es preferible tener enemigos, que son más fiables en sus actitudes. No se entiende nada, salvo que trabajen para ellos y para sus intereses, por convicción, por soborno o por chantaje, o quizás por las tres cosas a la vez.

    Recientemente ha habido una invasión de más de ochenta mil marroquíes a territorio español, de los que han regresado la mayoría en unos pocos días, pero no todos. Y nuestro presidente del gobierno, en vez de llamar a consultas al embajador, o directamente declararles la guerra que es lo que procedería ante una violación por un país vecino de nuestro territorio, se han deshecho en elogios hacia el rey moro, de quien alaba su ejemplar conducta de colaboración, que únicamente la ve él.. Solo le ha faltado decir que si nos han invadido es porque nos lo tenemos merecido por ocupar ilegalmente unos territorios que no nos pertenecen. Y es lo que realmente piensan, o parecen pensar, todos los que forman el gobierno porque son unos traidores a España y cualquier pretensión antiespañola les parece legítima.

  Aunque sea un tema de rango menor, algo parecido se ha planteado, con el próximo mundial de futbol, que inicialmente organizaban únicamente España y Portugal y que, por una intervención personal de PSHDLGP (acrónimo que pudiera significar «Por Ser Hermoso Debe La Gente Piropearme»), se invitó a participar a Marruecos. Pues bien, esta invitación la agradecen queriendo birlar a España el partido más importante del torneo, como es la final. Y nuestro presidente, calla y otorga. Y sigue diciendo que es un país amigo.

   Y la lista de ofensas y agravios es interminable, pero ninguna tan palmaria como el cambio de actitud en relación con el pueblo Saharaui y su derecho de autodeterminación. Como este tema molesta profundamente al imperialista rey moro, su lacayo obediente, ha modificado lo que en España era una cuestión de Estado, aceptado por las derechas y las izquierdas, como era defender la independencia del llamado Sahara español frente a la anexión marroquí. Es evidente la diferencia de trato con el pueblo palestino. Los saharauis, aunque son perseguidos, acosados, expoliados sus recursos, y viven mayoritariamente recluidos en guetos donde se violan sistemáticamente los derechos humanos, no merecen ningún comentario, ni solidaridad, por parte del Presidente del Gobierno español. Así queda patente que las violaciones de derechos humanos es procedente denunciarlas solo cuando interesa al autócrata español. Y en este caso de los saharauis y el Frente Polisario no interesa, porque el sujeto parece estar a sueldo de reyezuelo de Rabat y sus planes expansionistas. Aquí hay a mi entender una doble traición, por un lado a los españoles que tenemos el deber moral como potencia descolonizadora de velar por la autodeterminación del Sahara (y además se controlaría de manera estratégica por el Sur a este país hostil) y también traición a los propios saharauis que durante muchos años confiaban en la amistad de España y a quienes les ha dado una puñalada trapera. Reconocer la marroquinidad del Sahara ha sido una gran torpeza estratégica para España y un gran éxito para Marruecos. ¿Para quién trabaja el Presidente Sánchez?

     Creo que se podría continuar con el catálogo de traiciones de nuestro presidente, bastaría con recordar las negociaciones con la Eta, las cesiones a los golpistas catalanes y su infame amnistía, las cesiones a los intereses chinos y sus empresas y otras tantas que harían la lista interminable.  Prácticamente cada día aparece un nuevo motivo para que este detentador del poder fuera reprobado, pero todavía tenemos un pequeño rescaño de fe, en que sea el último verano que veranee como un pachá a costa del sudor de todos los españoles. El año que viene o el siguiente le imagino veraneando en un pisito en Gandía pagado con los pingües beneficios de los puticlubs de su familia política, y como cuando lo echaron del partido y se tuvo que ir con el Peugeot, se nos presentará como una víctima del fascismo que le ha privado injustamente a su derecho innato a viajar en falcón, es decir como un mártir. Y por supuesto, nunca nos va a confesar las razones de sus traiciones. Es por ello que al ver su rostro bronceado en las noticias se me viene  a la mente el título de la obra de Zorrilla, sobre el pastelero de Madrigal, “traidor, inconfeso … y ¿mártir? . Ya veremos.

SOLVE ET COAGULA.

    Cuando comencé este Blog, hace ya más de tres años, me propuse ser un observador de lo que pasa en el mundo e intentar contarlo a mi forma y a mi modo, según lo sintiera en cada momento.  Hoy me siento obligado a reflexionar sobre lo que ocurre en mi casa, en mi tierra, o como está de moda decir, en mi territorio.  España muere lentamente desde hace tiempo, y ante la complacencia de unos que trabajan activamente para su desintegración y la pasividad de otros que miran hacia otro lado ante cada ataque y ofensa. O incluso como mucho protestan levemente, siempre de manera moderada y educada, no sea que los enemigos de España se enfaden. Así nos va. Así nos ha ido hasta ahora a los que defendemos determinadas posiciones de unidad y consistencia de un proyecto común, construido hace siglos y hoy agonizante.

      El proceso de la desintegración de la España actual comenzó con la tan alabada Constitución de 1978, que jugó con ambigüedades sobre nacionalidades y regiones y que, para contentar a unos pocos, creó esos engendros llamados comunidades autónomas, que por supuesto no contentaron a los separatistas y que han creado unas nuevas estructuras de administración caras y disgregantes. También han tenido efectos positivos, no cabe duda, pero no han servido para el fin esencial para el que fueron diseñadas, que no era otro que el de encajar dentro de España a determinadas regiones díscolas e insolidarias con las demás.

    Bien se ha visto que a estas regiones, sobre todo Vascongadas y Cataluña, pero también Navarra y Galicia en menor medida, el sistema autonómico sólo les ha servido para tener unas estructuras propias de poder desde las cuales han trabajado consciente y deliberadamente para conseguir la separación del Reino de España y para crear unos nuevos estados separados basados en unas inexistentes naciones, que a fuerza de fomentarlas van a llegar a existir. Este proyecto se ha visto claramente, pero nunca se le ha puesto freno desde el resto de España, sino que por el contrario se ha facilitado, dando cada vez más recursos económicos a estas regiones desleales.

    Realmente en este proceso los verdaderos culpables no son los partidos nacionalistas, separatistas o independentistas, que no han hecho sino aquello que les es propio a su naturaleza. Los verdaderos culpables de este proceso imparable desde que murió Franco han sido el resto de los partidos de ámbito nacional, que en los casos más veniales han consentido este imparable proceso a cambio de unas migajas de poder. Y en el caso menos entendible y perdonable, como el del llamado Partido Socialista Obrero Español, ha trabajado de manera deliberada en este proceso de desintegración.

     Algo que nunca he acabado de entender es la identificación que en este país se ha hecho de nacionalismo y progresismo, o que es lo mismo independentismos e izquierda. Es como si para ser de izquierdas y progresista fuera imprescindible odiar a España como nación. Quizás se trate de que la mera idea de España sea un concepto conservador, y que su existencia evoca ideas o proyectos que son repudiados por el progresismo. Y si esto es así, como lo creo, me lleva a pensar que realmente España es un concepto molesto para muchos y que la izquierda sólo puede sentirse bien si la destroza como nación y con ella las ideas parece encarnar.

       Es una cuestión a reflexionar. Quizás nos empeñemos en pensar que somos una nación como cualquier otra que la respetan todos sus ciudadanos, cualquiera que sea su ideología, es decir como Francia, Portugal o Italia, por no irnos más lejos. Pero en España, para los partidarios de las ideas llamadas progresistas no es así. En su fuero interno y creo que no de una manera totalmente consciente, identifican progreso con la desmembración de España, hasta el punto que llegan a apoyar a casposas oligarquías locales de caciques ostensiblemente derechosos (según su visión) cuyo único mérito es querer destruir a la nación española. Aunque sean de derechas, defiendan oligarquías, caciquismos, privilegios y desigualdades, el ser independentistas les hace respetables. Así ocurre en Cataluña. En el País Vasco es todavía peor, ya que la izquierda se siente feliz en compañía de partidos que defienden un racismo biológico y violento, y que coquetearon con el nazismo auténtico.

     Para comprender esta contradicción sólo hay que asumir el hecho de que lo progresista es destruir España.  ¿Pero, por qué es progresista destruir España? La respuesta sólo puede ser que España, como unidad, implica valores que se denuestan, representa ideas peligrosas para el dogma del progreso. Para la izquierda destruir esta nación es un objetivo a conseguir para lograr sus objetivos. Pero esto, como hemos visto no ocurre con otras naciones, sólo ocurre en España. Luego lo progresista no es destruir las naciones en general, (de hecho, los disgregadores son nacionalistas de su terruño), sino que es destruir la nación española.

     Esto nos debe hacer pensar qué es lo que es tan molesto y fastidioso en España para la izquierda. Algunos lo simplifican indicando que ven en la nación española residuos o manifestaciones del franquismo. Yo creo que esto es sólo una excusa de la izquierda para ocultar la verdadera razón de su odio congénito a España. Es cierto que durante el franquismo se reivindicó la grandeza pasada de esta nación, pero eso no convierte al Cid o a Hernán Cortés en franquistas. Si la izquierda quisiera podría reivindicar también ese pasado, pero no quiere. Y si no quiere es porque lo que le molesta no es el franquismo, sino la historia en sí, el pasado que generó el nacimiento de la nación española. Y tienen miedo que esa fuerza poderosa que fraguó nuestra nación, pueda volver a rebrotar.

     La verdadera esencia de España es la lucha contra el Islam durante ocho siglos, que forjaron una idiosincrasia especial que cristalizó en la misión  de llevar la civilización cristiana a tierras entonces desconocidas y que generaron un proyecto civilizador, con sus luces  y sombras, pero sin demasiados precedentes en la historia conocida. Este proyecto fue constantemente asediado por algunos otros países europeos que con encono lo acosaron y derribaron, hasta que fue finalmente destruido, totalmente derrotado.

        Los vencedores del imperio español impusieron un modo de colonización deshumanizado y materialista, frente al modelo más humano e integrador que se defendía desde la corona española. Luego vino la leyenda negra con la que nos acusaron de hacer todo lo que acabaron realmente haciendo los fautores de la misma. Y todo ello defendido, y sustentado ideológicamente por las ideas iluministas de la Ilustración, con sus diferentes tentáculos, por ejemplo, la masonería anglosajona conspirando para la independencia de los países hispanoamericanos y trabajando para su interesada disgregación entre ellos. Para estas ideologías España representaba en aquel momento todo lo que querían combatir, nos tachaban de retrógrados, frailunos y enemigos de la libertad, frente a los que imponían la igualdad y fraternidad, aunque fuera a golpe de guillotina. Para el triunfo del proyecto iluminista y materialista en el mundo,  antagónico al defendido por España, fue esencial derrotar al único poder que no seguía sus consignas.

     La izquierda actual es heredera de aquellos que combatieron a España durante siglos. Y por ello asume todas las consignas que vienen de aquellos tiempos. España es el enemigo a destruir por representar su mera existencia la oposición más frontal que ha existido a ese proyecto histórico que hoy se autodenomina progresismo, y que ha desembocado en el actual globalismo, y que es la continuación directa de los que derrotaron al proyecto español en América.

      De manera que la izquierda española es un caballo de Troya que tenemos dentro de nuestros muros y que trabaja para la total demolición de nuestra nación. Se trata de no dejar nada de ella, de hacerla pedacitos hasta que sea totalmente irreconocible. Si primero fueron la Nueva España y Nueva Granada, después Cuba y Filipinas, ahora toca Cataluña y Vascongadas, luego será Galicia y Canarias, y así hasta que no quede absolutamente nada.

    Quizás tenga que ser así, y oponerse a ello es solo un gesto de melancolía, de intentar mantener en pie lo que está muerto. La izquierda tiene un proyecto claro que es destruir aquello que odia y considera su enemigo. La derecha obviamente se resiste, pero como mera reacción, como un ejercicio de costumbre y de nostalgia, como un conservadurismo sin demasiada sustancia. Y por ello es más fácil que triunfen los primeros, y ello será así mientras no exista un proyecto que haga viable a España como destino, como proyecto o como misión. Por ello es esencial centrarse en lo que significa España, como portadora de una misión, cumplidora de un destino. 

     Si somos capaces algunos españoles de comprender lo que quiso hacer España y recuperar ese proyecto de civilización alternativa a la despiadada modernidad globalizadora de origen anglosajón, si convencemos a nuestros hermanos de América que nunca debimos separarnos y que debemos caminar juntos, si conseguimos una ilusión de futuro para nuestros hijos, España renacería de sus pedazos como un ave fénix. Quizás para ello deba desgajarse del todo para comenzar una nueva unidad que no descanse en el pasado sino en el futuro, en un proyecto común.  Algo así como el principio alquímico de “solve et coagula