TRAIDOR, INCONFESO …. ¿Y MÁRTIR?

Mes de agosto. Cuando la vida era normal, éste era un tiempo de total paralización de la vida política. La gente se retiraba de la corte y dejaba por un tiempo dormitar sus ambiciones. Seguramente esta languidez era utilizada para avanzar por los malvados aprovechando que la gente normal, es decir, los que tenemos una vida normal, estábamos por así decirlo atontados remojándonos en el mar y concentrados en una paella en un chiringuito playero, o dando brincos al son de la charanga haciendo tiempo para irnos a la cama un poco achispados después de los fuegos artificiales en las fiestas de cualquier pueblo de la geografía patria.

  Parece que esto ha cambiado, agosto ya no es como era, la diferencia más importante es que los malvados son ahora los que descansan, se dedican al buceo y a la molicie con su familia, mientras el país arde ante su indiferencia. La gente normal estamos en un “sinvivir” contemplando indefensos cómo se chamuscan nuestros bosques, y como nos invade la morería, mientras que quien tendría que estar al pie del cañón, retoza desde su palacete bien abastecido por todos los españoles,  tocando la lira de la molicie, como un Nerón cualquiera de pacotilla. El que haya llegado leyendo hasta aquí, y no haya abandonado por superar lo escrito los ciento cuarenta caracteres, habrá deducido que me estoy refiriendo al actual, y espero que, por poco tiempo, presidente del Gobierno.

   Creo que en este blog le he dedicado  a este sujeto demasiadas palabras desde que comencé a escribirlo, creo que he desgastado demasiados adjetivos con el chulángano de marras, pero es que cada poco se supera en su descaro y desfachatez, y aunque me propongo olvidarme de él y escribir sobre otras cuestiones, me lo pone imposible.

     Espero que realmente ya quede menos para para perder tiempo con sus chulerías de estadista de todo a cien y por fin llegue pronto su destitución. Pero no las tengo todas conmigo. Creo que está demasiado aferrado al avión privado, al palacio gratuito y a la adulación de sus acólitos y gacetilleros de cámara para no sentir la tentación de seguir, incluso por medios que no sean los estrictamente legales. Muchos tenemos la fundada sospecha de que algo está tramando para seguir encaramado al poder. Y dada su acreditada falta de escrúpulos, su ambición, su narcisismo y por qué no decirlo, su suerte para alcanzar y conservar el poder, muchos nos maliciamos que algo está cociendo para perpetuarse en la poltrona.

    No sabemos realmente cual va a ser su próxima actuación, si será directamente un pucherazo electoral, como los que ya se ha probado que hizo en su partido, o bien un decretazo de suspensión electoral por una alarma real o inventada. Quizás una emergencia climática. Sabe Dios qué pasará por su ambicioso caletre. Se ha hablado mucho de su manipulación del censo, colando a millones de nietos de españoles, o regalando nacionalidades españolas a cambio de unos cuantos votos. Realmente no lo sé y no lo sabremos hasta que llegue el momento y seguramente nos pille con el pie cambiado y sin capacidad de reacción. Es tal el temor y el estado de ánimo en el que nos mantiene, que uno tiende a pensar que realmente este señor es una maldición con la que hay que convivir como con un forúnculo persistente a cualquier antibiótico.

    Pero lo realmente preocupante no es su persona. Esto es solo una desagradable presencia, que en su inmarcesible vanidad, se cree joven, guapo y molón, cuando en realidad su sola presencia es para mí simplemente un emético absolutamente eficaz. Pero como digo, esto no es lo peor. Podría ser simplemente un chuleta de barrio inofensivo, pero es que no es así, es un elemento ladino, interesado y profundamente traidor, y por todo ello extremadamente dañino para España.

     Este es el verdadero papel de este Presidente, ser la encarnación de la traición a la nación española. Ya su antecesor socialista, su mentor y profesor en el arte de traicionar a España, llegó a decir que la nación era un concepto discutido y discutible. Por supuesto solo lo es la nación española, que ninguna objeción se hace a la nación catalana, marroquí, china o incluso palestina.  Es una constante en la izquierda la de traicionar los intereses de España buscando no sé cuales fines de armonía universal o planetaria que casi siempre ocultan la realidad y es que lo único que persiguen es hacerse inmensamente ricos.

     La historia de las traiciones de la izquierda podría ocupar varios volúmenes, que podrían empezar por la extraña entrega por el progresista Sagasta de Cuba y Filipinas a los Estados Unidos. No se tienen pruebas concretas contra don Práxedes, pero la sospecha que rodeó a tal ignominiosa rendición no se han disipado todavía.

     Pero no hace falta ir tan lejos en el tiempo para hacer un completo catálogo de traiciones por el actual presidente del Gobierno.  Si traicionar es no ser leal a tu nación y anteponer los intereses de potencias o ideologías ajenas a los propios del Estado al que sirves, creo que puede convenirse que el Presidente actual es un traidor. No sé si sus conductas encajan exactamente en los tipos penales y por ello no pretendo imputarle un delito como tal. Ni soy penalista, ni pretendo serlo. Pero más allá del concepto penal de alta traición, hay un concepto moral, puramente político, o si se quiere histórico con el que adjetivamos  a personajes como el Conde don Julián, Antonio Pérez o al mismísimo Godoy, que se hacía llamar Príncipe de la Paz, en un epíteto que le cuadraría como un guante al declinante ex presidente Zapatero. Sorprendentemente el pueblo a este sujeto le apodaba el “choricero”, que parece que también le encajaría bien al expresidente de los joyones.  Y en este sentido histórico de grandes traidores a España, creo que debería incluirse al actual Presidente Sánchez.

      Atendiendo a los informativos son bastantes las veces que tienes la sensación de que actual presidente ha comprometido la  dignidad o los intereses vitales de España, y presuntamente ha mantenido inteligencia o relación de cualquier género con Gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, Organismos o Asociaciones internacionales o extranjeras. Pero de esta gavilla de supuestos, simplemente voy a centrarme brevemente en tres de ellos: Su actuación en Gibraltar, su actuación en las relaciones con Marruecos y con el pueblo saharaui y su posición en la masacre de Gaza

      Comenzando por esta última, puede sorprender que defender a los desheredados palestinos de los atropellos cometidos por el Estado de Israel pueda considerarse una traición a España. Pero realmente lo es, porque al hacerlo de manera tan vehemente y radical lo ha hecho no por defender una causa que pueda ser justa, que él como persona particular podría defender y nadie se lo reprocharía. Pero no es un particular sino el presidente de una nación y por encima de sus filias o fobias debe estar el interés de España, y si al hacerlo de manera flagrante va contra intereses diplomáticos, económicos y de otra índole, estaría trabajando no para España, sino para Organizaciones internacionales que pueden tener intereses contradictorios con los españoles, y ello con fines de pura propaganda personal, de crearse una imagen concreta que le posiciona como un caudillo en las huestes progresistas internacionales en cuyo seno quiere prosperar y tal vez ser acogido a  mesa y mantel el día que abandone el poder. En resumen su imagen de vigoroso antisionista y de némesis de Trump, la hace a costa de los intereses de todos los españoles y trabajando para Organizaciones de un sesgo ideológico radical o por intereses electorales y para contentar a su menguante parroquia. Y no se trata de bailarle el agua a Israel o a los Estados Unidos, se trata de no crear gratuitamente enemigos a España para satisfacer el ego de un dirigente traidor y corrupto. Enemigos que se crean por su exclusivo interés, pero cuyas consecuencias negativas las sufre España.

    En la cuestión de Gibraltar, realmente me deja atónito y totalmente desesperanzado la absoluta dejación de los intereses españoles en manos de las élites más siniestras que defienden intereses espurios de los paraísos fiscales y otras camarillas globalistas masónicas o británicas, que vienen a ser lo mismo.  España ha perdido la oportunidad histórica de acabar con una situación colonial, con la última colonia que persiste en territorio europeo. Realmente solo alguien a quien le importa un pito España y su dignidad ha podido permitir semejante acuerdo que ha concluido con la consolidación ad eternum de la realidad ignominiosa de Gibraltar. Se ha desperdiciado una ocasión única con el Brexit para renegociar y ponerse firme en la posición de la soberanía y sin embargo el resultado ha sido todo lo contrario. Y este coste de oportunidad irremediablemente perdida puede ser por pura negligencia, pero cuesta creerlo.  Mi opinión no puede ser otra que la de que nuestros gobernantes, una vez más,  nos han traicionado, han atendido intereses ajenos en vez los que les correspondería defender. Han trabajado para otras potencias y poderes fácticos distintos de los del Estado español. No sé para el Código penal, pero esto para mí es traición.

    La sospecha de traición se vuelve clamorosa y resplandeciente cuando los españoles vemos atónitos la posición de nuestros gobernantes con el presidente a la cabeza en relación con nuestro hostil vecino del Sur, con Marruecos y con el cobarde y ruin abandono de los saharauis para gran satisfacción de un reyezuelo feudal. La defensa sin vergüenza del Gobierno de todo lo que interesa, propone o persigue Marruecos es escandalosa. Y lo hacen ya a banderas desplegadas, sin disimulo alguno. Realmente somos muchos los que no entendemos nada.

      Marruecos es objetivamente para España un vecino incómodo y hostil, con el que conviene llevarse bien, pero sabiendo esto precisamente, que no es un amigo, sino un enemigo al que es necesario controlar. No es posible que se considere un país amigo quien pretende continuamente y sin disimulo robarnos una parte de nuestro territorio, como son Ceuta, Melilla, las Chafarinas, Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Guevara, el islote de Perejil y por supuesto las Islas Canarias, con todas las aguas territoriales y sus recursos. No puede ser amigo quien nos hostiga periódicamente con oleadas de personas, como misiles de una guerra híbrida. No puede ser amigo quien espía los teléfonos personales de los gobernantes y supuestamente les chantajea. Y si todo esto es una verdad incuestionable, no se entiende que nuestros gobernantes defiendan cada cosa que hace o dice Marruecos, que se les justifique cada conducta hostil e insistan cada vez que tienen ocasión en que son una nación amiga. Con amigos así, es preferible tener enemigos, que son más fiables en sus actitudes. No se entiende nada, salvo que trabajen para ellos y para sus intereses, por convicción, por soborno o por chantaje, o quizás por las tres cosas a la vez.

    Recientemente ha habido una invasión de más de ochenta mil marroquíes a territorio español, de los que han regresado la mayoría en unos pocos días, pero no todos. Y nuestro presidente del gobierno, en vez de llamar a consultas al embajador, o directamente declararles la guerra que es lo que procedería ante una violación por un país vecino de nuestro territorio, se han deshecho en elogios hacia el rey moro, de quien alaba su ejemplar conducta de colaboración, que únicamente la ve él.. Solo le ha faltado decir que si nos han invadido es porque nos lo tenemos merecido por ocupar ilegalmente unos territorios que no nos pertenecen. Y es lo que realmente piensan, o parecen pensar, todos los que forman el gobierno porque son unos traidores a España y cualquier pretensión antiespañola les parece legítima.

  Aunque sea un tema de rango menor, algo parecido se ha planteado, con el próximo mundial de futbol, que inicialmente organizaban únicamente España y Portugal y que, por una intervención personal de PSHDLGP (acrónimo que pudiera significar «Por Ser Hermoso Debe La Gente Piropearme»), se invitó a participar a Marruecos. Pues bien, esta invitación la agradecen queriendo birlar a España el partido más importante del torneo, como es la final. Y nuestro presidente, calla y otorga. Y sigue diciendo que es un país amigo.

   Y la lista de ofensas y agravios es interminable, pero ninguna tan palmaria como el cambio de actitud en relación con el pueblo Saharaui y su derecho de autodeterminación. Como este tema molesta profundamente al imperialista rey moro, su lacayo obediente, ha modificado lo que en España era una cuestión de Estado, aceptado por las derechas y las izquierdas, como era defender la independencia del llamado Sahara español frente a la anexión marroquí. Es evidente la diferencia de trato con el pueblo palestino. Los saharauis, aunque son perseguidos, acosados, expoliados sus recursos, y viven mayoritariamente recluidos en guetos donde se violan sistemáticamente los derechos humanos, no merecen ningún comentario, ni solidaridad, por parte del Presidente del Gobierno español. Así queda patente que las violaciones de derechos humanos es procedente denunciarlas solo cuando interesa al autócrata español. Y en este caso de los saharauis y el Frente Polisario no interesa, porque el sujeto parece estar a sueldo de reyezuelo de Rabat y sus planes expansionistas. Aquí hay a mi entender una doble traición, por un lado a los españoles que tenemos el deber moral como potencia descolonizadora de velar por la autodeterminación del Sahara (y además se controlaría de manera estratégica por el Sur a este país hostil) y también traición a los propios saharauis que durante muchos años confiaban en la amistad de España y a quienes les ha dado una puñalada trapera. Reconocer la marroquinidad del Sahara ha sido una gran torpeza estratégica para España y un gran éxito para Marruecos. ¿Para quién trabaja el Presidente Sánchez?

     Creo que se podría continuar con el catálogo de traiciones de nuestro presidente, bastaría con recordar las negociaciones con la Eta, las cesiones a los golpistas catalanes y su infame amnistía, las cesiones a los intereses chinos y sus empresas y otras tantas que harían la lista interminable.  Prácticamente cada día aparece un nuevo motivo para que este detentador del poder fuera reprobado, pero todavía tenemos un pequeño rescaño de fe, en que sea el último verano que veranee como un pachá a costa del sudor de todos los españoles. El año que viene o el siguiente le imagino veraneando en un pisito en Gandía pagado con los pingües beneficios de los puticlubs de su familia política, y como cuando lo echaron del partido y se tuvo que ir con el Peugeot, se nos presentará como una víctima del fascismo que le ha privado injustamente a su derecho innato a viajar en falcón, es decir como un mártir. Y por supuesto, nunca nos va a confesar las razones de sus traiciones. Es por ello que al ver su rostro bronceado en las noticias se me viene  a la mente el título de la obra de Zorrilla, sobre el pastelero de Madrigal, “traidor, inconfeso … y ¿mártir? . Ya veremos.

LA GANGRENA

Hace tiempo que busco una respuesta a lo que está pasando en España en los últimos años. Tenemos un gobierno que es como una maldición, y dirigido por quien según me dice una persona muy cercana, es la encarnación del Maligno. Caigo en la desesperanza y en la melancolía, que no es otra cosa que sentirse dominado por los humores corporales más negativos,  umbrío por la pena, casi bruno,  parafraseando a Miguel Hernández. Nunca llegué a imaginar el grado de descomposición que tiñe la actual vida política española.

     Pensé en algún momento que me eran insoportables las corruptelas de unos cuantos desaprensivos, queriendo pensar  que las noticias que nos inundan cada día sobre corrupción eran una excepción, como una leve capa de moho sobre una fruta, que finalmente con un poco de destreza se puede retirar y disfrutar de su sabor. No, no era eso, la realidad era que al abrir la manzana se descubre que, bajo una apariencia de sabrosa lozanía, el interior estaba totalmente podrido y colonizado por saludables gusanos que la fagocitan. Algo parecido ocurre en España, aparentamos tener una lozana salud democrática que en la realidad no es más que un envoltorio pomposo y grandilocuente que oculta una chusca mafia que controla una nomenclatura que se enriquece y disfruta de los placeres del poder a costa de todos nosotros.

   Nos dicen que somos demócratas, que somos modernos, sostenibles, solidarios, inclusivos, que somos todo esto y que vivimos en un régimen equiparable a las democracias europeas. Pero yo me permito dudarlo y afirmar que en realidad somos los sufridores y “paganinis” que  mantenemos en el poder a una elite depredadora. Pero eso sí, con buenas palabras, que somos por fin civilizados. La pregunta real es por qué lo consentimos si se supone que estamos en una democracia en la que manda el pueblo. La respuesta es sencilla, ni lo uno ni lo otro es cierto. Ni estamos en una democracia ni manda el pueblo, ni en realidad ha mandado nunca, sino que casi siempre ha sido el instrumento para que las clases dominantes perpetúen su dominación. Es cierto que con el imperfecto sistema electoral se consigue una cierta rotación en las personas que se enriquecen al cambiar las estructuras de saqueo sistémico de los recursos públicos. Quizás en un plano superior haya poderes inamovibles que no se ven afectados por estos vaivenes electorales. Me atrevería a afirmarlo, así como que éstos son quienes juegan con los que están debajo y que periódicamente los cambian por otros que como los anteriores no se atrevan a discutir a ese verdadero poder.

      Recuerdo cuando un discurso parecido lo defendían unos cuantos idealistas desharrapados que se instalaron en la Puerta del Sol de Madrid, con el auto calificativo de “indignados”. ¿Ubi sunt? ¿ Dónde están aquellos que querían restaurar la verdadera democracia?. Me temo que unos instalados en un “casoplón” en Galapagar,  otros robando a banderas desplegadas todo el dinero público y otros, la mayoría en sus casas con cara de tontos por haberse sentido utilizados por los de siempre, a los que aparentemente parecían atacar y sintiendo una especie de vergüenza retrospectiva ante tanta candidez de verse girando las manos a modo de aplausos. Es decir aplaudiendo en silencio a sus verdugos.

    Con el tiempo vamos aprendiendo que la clase política que accede a gobernar por las reglas democráticas, cuando alcanzan sus objetivos lo hacen ávidos de zambullirse en ese gran mundo que da el dinero y el poder. Y saben que tienen un tiempo limitado para conseguirlo por lo que no pueden perder tiempo ni energías en otras cuestiones como sería el interés general. Me recuerda a aquel que estando herido tenía en torno a la herida una nube de moscas, y al acercarse otro a espantarlas queriendo ayudarle, el primero le decía que por favor no las espantase, que las que están, ya están saciadas y que si se iban llegarían otras que chuparían la sangre con todavía más avidez. La alternancia política no hace sino acercar nuevas moscas ávidas de sangre a la herida por la que supura la sociedad.

     Y en este momento en la situación concreta de España estamos descubriendo, por razones que todavía no comprendo demasiado bien, a un festín de moscas hambrientas o de buitres carroñeros en torno a un cadáver moribundo. Les estamos viendo la cara y sus sanguinolentos ojos. Lo cual hay que reconocerlo, es una novedad importante, ya que hasta ahora unos y otros habían actuado ocultos a nuestra vista y con la más total impunidad. Los recientes acontecimientos nos han demostrado y probado que realmente lo que se ocultaba bajo el manto de la normalidad democrática no era más que un patio de Monipodio, en el que nos robaban a manos llenas. Una cleptocracia en toda regla, de la que pocos políticos escapan, pero que tiene su auténtico hábitat natural en el entorno de las izquierdas y en particular del llamado Partido Socialista Obrero Español. No es que las derechas escapen a esta tentación de aprovecharse del poder cuando lo tienen, pero creo que en comparación con el otro extremo del espectro político, en mi modesta opinión, son meros aprendices.

     Y no se puede obviar que lamentablemente hay un importante factor sociológico que sostiene a los corruptos de izquierdas y que hace que a pesar de todo tengan un sector y no menor de la sociedad que justifica sus conductas. Y es que muchos de los votantes, militantes y simpatizantes de las izquierdas no ven del todo mal que los suyos roben a manos llenas, con tal que consigan y logren que no lleguen al poder los adversarios, las odiadas derechas y ultraderechas, en una palabra, los fascistas. Si pillan al ladrón con las manos en la masa, o las joyas robadas en su caja fuerte, enseguida encuentran una disculpa o le echan la culpa al policía o al Juez que les tiene manía. Este objetivo opaca cualquier crítica porque creen que la parte mollar de lo robado va a crear y mantener unas estructuras que hagan conseguir y luego mantener el poder de los suyos. El fin progresista justifica los medios, sean lícitos o ilícitos. Con esta finalidad de mantener a una elite que afirme que es progresista y de vez en cuando suelte alguna migaja a los ciudadanos se puede soportar todo, absolutamente todo. Especialmente tragar con las groseras mentiras con las que seducen a incautos y que contradicen continuamente con sus actos. Sueltan arengas contra la prostitución mientras regentan lupanares, prohíben el tabaco mientras fuman como chimeneas, pontifican contra las drogas y no hacen una fiesta sin su nieve en la nariz, defienden la enseñanza pública pero llevan a sus hijos a carísimos colegios y universidades privadas …. La lista sería interminable, por no entrar en las lecciones sobre moral feminista, cuando muchos de ellos acaban siendo denunciados por abusos sexuales variados.

     Pero realmente si lo analizamos fríamente el problema es más profundo, ya que la corrupción y el robo sistematizado no es la enfermedad, sino que es solo el síntoma. El mal que subyace y de lo que todo lo dicho no son más que manifestaciones cutáneas o superficiales, a modo de chancros sifilíticos, es la toma del poder por parte de una camarilla que se autodenomina progresista y que tiene el objetivo de colonizar y controlar todas absolutamente todas las instituciones de la nación. Cualquiera que se quiera mirar, y tanto públicas como privadas. Así ocurre con el gobierno de la nación que es el principal instrumento para este control, y después de éste todo lo demás, llámese Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas, Consejo de Estado, Televisiones públicas, Fiscalía General del Estado, Consejo del Poder Judicial, Tribunal de la Competencia, Empresas participadas por el Estado, la SEPI, correos, paradores Nacionales, …. Llenaría varios folios con todos los organismos o instituciones que tienen infiltrados en su estrategia de toma del poder. El único objetivo aceptable es conquistar el poder, parasitarlo y mantenerlo a toda costa, incluso contra la opinión mayoritaria del pueblo. Maquiavelo fue solo el autor de la primera entrega del Manual de Resistencia.

  Esta estrategia de dominación es el verdadero peligro, y con lo que hay que acabar si se quiere tener una sociedad sana. Si se acaba con este ecosistema se acabará con la corrupción que vive perfectamente adaptada a dicho hábitat, con una impunidad que se torna escandalosa. Si solo se quita el moho de las corruptelas sin atacar el mal profundo, será solo un mero maquillaje de la realidad. Es cierto que es una tarea complicada, pero si no se tiene claro el propósito, se cometerán nuevamente errores pasados. No se trata de deponer a un maligno gobernante, o no solo se trata de esto, también de deshacer desde los cimientos toda su obra.

    Quizás no esté todo perdido. Hace tres o cuatro años era más pesimista, porque la inacción frente a este totalitarismo rampante era total. Me he llevado la grata sorpresas en los últimos años que como dijera aquel aldeano de Potsdam, todavía quedan jueces en Berlín, y al parecer también en Madrid, incluso en Badajoz.   Y es así que algunos poderes del Estado, como jueces independientes, unos pocos y valientes fiscales y algunos reductos de la policía y Guardia Civil , han tenido la valentía de dejar de mirar para otro lado ante las escandalosas y descaradas corrupciones que han proliferado en torno al gobierno actual  y  han comenzado a actuar, cada uno en lo que le corresponde.

      Es gratificante ver entrar en la cárcel a los que hasta hace poco tiempo eran todopoderosos ministros, y que por fin se condene a las sanguijuelas que viven de robar dinero público, de la mentira institucionalizada, o de practicar con descaro el nepotismo. Pero no nos confundamos, esto es solo la capa superficial de lodo, que como aceite flota sobre el hediondo pozo negro que son los actuales rectores del gobierno de la nación. Como ya anticipé, se hace preciso cortar por lo sano para quitar la gangrena. Y esto es algo que solo se puede hacer desde un gobierno alternativo que llegue algún día con energía y resolución para limpiar todas las zahúrdas donde se han instalado los actuales detentadores del poder, con el propósito deliberado de permanecer allí para siempre.

LAS BARBAS DEL VECINO

El año 2024 va agonizando. No se puede decir que este haya sido un año aburrido en cuanto a las noticias y los acontecimientos que van llegando a este mi acantilado, desde el que observo la realidad. Tal es el tráfago de novedades y tan escaso mi tiempo, que la mayoría de ellas pasan sin merecer que se haga un comentario de ellas. Tampoco lo pretendo, que esta bitácora es muy aleatoria y caprichosa, y sólo recoge aquello que el viento cambiante de los humores de quien esto escribe decide.

    Si mi país está convulso por un clima irrespirable de corrupción y prepotencia gubernamental, en el exterior la cosa no pinta mucho mejor. Llegan hasta aquí los ecos del disgusto e incredulidad de la comunidad progre mundial al comprobar que Trump había ganado las elecciones de su país sin que pudieran como la vez anterior dar un volantazo a la voluntad popular por medios poco ortodoxos. Y esta victoria ha sido un golpe en el tablero de juego ante el cual los países se apresuran a tomar posiciones geoestratégicas para iniciar bien posicionados el reinado del nuevo imperator. Así en la guerra de Ucrania se permite usar misiles americanos para atacar a Rusia, en lo que es una decisión profundamente irresponsable. En Siria ha sido derrocado el régimen siniestro de los Asad por un no menos terrorífico régimen islamista, con la complicidad de los países occidentales. Europa firma a toda prisa acuerdos de libre comercio, y hace promesas de amor eterno a Zelenski. Israel sigue a lo suyo, bombardeando a Siria y masacrando palestinos. Diríamos que, por ahí, nada nuevo bajo el sol.

       No quiero entrar en una baremación de los horrores o de  calificar si lo que pasa  allá es más grave que lo que acontece por acullá. Pero de todo lo que ha pasado en el último mes, aunque no sea ni de lejos lo más sangriento, para mí lo que más me ha estremecido es lo que ha ocurrido en un país de la Unión Europea. Me refiero a lo que ha sucedido en Rumanía. Afortunadamente no hay muertos como en su vecina Ucrania, salvo que consideremos que la democracia allí ha fenecido y que el estado de derecho rumano es un mero cadáver.

     Es que no salgo de mi asombro. En los últimos años ha habido elecciones con resultados sospechosos, como por ejemplo en USA en el año 2020 o en Brasil. Sabíamos que esto de la democracia tiene muchos puntos débiles y que incluso muchas veces no es más que una ficción. Pero es una ficción que mantenemos porque nos asusta lo que puede estar detrás de ella, nos da miedo la alternativa.

    Los recientes acontecimientos de Rumanía, hacen tambalear muchas convicciones sobre la realidad de la democracia y que lo que conocemos como tal no es más que un mero trampantojo para defensa de intereses poco claros. Recordemos que hace escasamente un mes, las elecciones para la elección de presidente de Rumanía, una vez celebrada la primera vuelta, han sido simplemente anuladas por el Tribunal Supremo. Sí, así como suena, unas elecciones anuladas después de celebradas, y la razón es que quien las ganó es un outsider de la política, que se ha ganado al pueblo simplemente hablando de defender a la nación rumana y su identidad. Enseguida le han tachado de populista y rusófilo. El argumento usado para anular las elecciones es que este ganador, Calin Georgescu, habría sido supuestamente favorecido en su campaña electoral por cuentas falsas de Tik-tok. Y que detrás de ellas podría, tal vez, quizás, a lo mejor, estar Rusia. Aparte de no gustar quien ganó esta primera vuelta y arrasar en las encuestas para ganar la presidencia, fue decisivo para la anulación que a esa segunda vuelta no pasó ninguno de los candidatos de los partidos oficiales tanto de  izquierda (Partido Socialista ) y como de derecha (algo parecido al PP español).  Quedaron a ambos fuera sin remedio del cambalache del poder, ni siquiera con la posibilidad de hacer las piruetas con las que nos ha deleitado últimamente el presidente gabachito, Monsieur Macrón.

      En Rumanía han decidido aquello de que si no ganamos nosotros no jugamos. El juego sólo es válido si queda claro que sólo nosotros podemos ganar. Ha quedado también claro que en muchos países supuestamente democráticos, la elecciones son un instrumento para legitimar a los ya elegidos de los  poderes establecidos, los del establishment, los representantes de lo que ahora se viene denominando como el Deep State. Si no ganan las elecciones quienes las tienen que ganar, pues simplemente no valen, y se repiten hasta que se consiga.

      La voz del pueblo sólo vale si éste dice lo que se quiere que diga por quien realmente manda. Y si dice algo distinto es que su voluntad está viciada y manipulada por terceros. Realmente un argumento insólito en los países occidentales, en los que los medios de comunicación están en manos de unos oligopolios comprados y pagados generosamente por el poder. El mensaje que nos llega de Rumanía es que cuando el mensaje nos llega desde sus esbirros mediáticos, se llama información y no mediatizan la voluntad del pueblo, cuando el mensaje llega llega de medios no controlados por ellos, marginales y medianamente libres, son meras manipulaciones, cuando no bulos.

     Recordemos además que Rumanía es un miembro de la sacrosanta Unión Europea.  Sin embargo, Úrsula está más calladita que su pony después de que se lo merendara el lobo. Está demasiado preocupada de provocar una guerra con Rusia y en defender los intereses de esos lobbys defensores de los lobos, y no me refiero únicamente a los que cada vez más merodean por nuestros campos, sino, sobre todo, a los que habitan en ocultadas mansiones a uno y otro lado del atlántico y que mueven las cuerdas de las marionetas que tienen colocadas para manipularnos. La Unión Europea, ante el atropello a la democracia ocurrido en uno de sus miembros, no ha dicho ni mu, o si se prefiere un animal menos agresivo con el efecto invernadero, tampoco ha dicho ni pío.

      Y también es sorprendente la poca repercusión mediática que ha tenido esta anulación electoral. Apenas se ha informado sobre ello, a pesar de ser terriblemente grave. Y es más, los medios lo han justificado, dando por buenos los peregrinos argumentos del Tribunal Supremo rumano, con el alivio de haberse quitado de en medio a un nuevo personaje molesto presidiendo un país de la unión europea. Alguien que podría reforzar un discurso de paz entre dos de sus vecinos. Y además en algunos países como España, creo que muchos periodistas y políticos han comprendido que conviene admitir este precedente, porque en un futuro no muy lejano puede ser su salvación.

    La sala constitucional del Tribunal Supremo rumano está compuesta en su totalidad por candidatos nombrados por el partido socialista y por el partido popular rumano, lo que hace pensar que la decisión no ha sido propiamente judicial sino política. Y eso nos lleva a ver que en nuestro país ocurre lo mismo y que por tanto corremos riesgo de que ocurra algo semejante en un momento dado.

    Tenemos un presidente del Gobierno, que no dimitió cuando se comprobó que plagió su tesis, no dimitió cuando el Constitucional sentenció que sus estados de alarma eran ilegales, que no dimite cuando su mujer está imputada por corrupción, su hermano colocado a dedo en un puesto creado ad hoc en un caso claro de  nepotismo, su ministro de confianza hasta hace poco, está acusado de gravísimos casos de enriquecimiento ilegal, su fiscal general del Estado investigado por trabajar para el interés privado del gobierno. En suma tenemos la certeza de que nada le va a hacer dimitir. Y ello, aunque su gobierno se sustenta con escasísimo apoyo en una mayoría terriblemente inestable. Pero este señor no va a dimitir ni a convocar elecciones por dos razones, la primera porque seguramente no sabe ya vivir fuera de las prebendas del poder, sin tener a su disposición los aviones privados, las residencias de veraneo y todo lo demás. Y lo segundo, porque es el niño bonito del poder globalista, de los mismos que ponen a las Úrsulas, los «macrones» y los Trudeau (sea éste o no hijo natural de Fidel Castro, como afirman algunos).

    Y sabe que aunque llegara un día en que tendrá que convocar elecciones, podría no hacerlo y retrasarlas sine die, que nadie le iba a afear su conducta, salvo un poco de pataleo de la “fachosfera”. Y si finalmente las convoca y las perdiera podría luego anularlas por cualquier peregrino motivo. Desde fuera no iban a llamar la atención al “favorito” del sistema y desde dentro, ya se encargarían toda la recua de adeptos que copan el Tribunal Constitucional de defender todo lo que haga, aunque sea groseramente antidemocrático y anticonstitucional. Ya estará ahí para asegurarse de que nadie hace daño al «elegido» el siniestro individuo que preside dicho Tribunal, que por el color de sus intenciones más que Cándido debería llamarse Bruno.  

      La moraleja es que si en un país de la Unión Europea se consiente que un tribunal politizado anule unas elecciones, por unos motivos totalmente infundados y peregrinos, debemos estar preparados para que aquí, en nuestra España, pueda ocurrir lo mismo. Si en las próximas elecciones ganara eventualmente alguien no conveniente, podrían anularse alegando, que sé yo, que llovió mucho el día de las elecciones y eso no permitió votar con libertad,  o que un presidente de una mesa electoral de Burgos era un agente ruso. Todo puede valer. Debemos irnos preparando, ya sabemos aquello de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.

LA MÁQUINA DEL FANGO

     Hoy escribo desde el abatimiento. Hundido en el fango de la realidad, en el lodazal de la triste realidad que nos rodea. Ser parte de una nación es sentir como propio lo que le acontece a cualquiera de las personas que la conforman. Tanto lo bueno como lo malo. Quizás esto es un poco exagerado, lo reconozco, y también sé que no es del todo cierto, porque no todo se puede sentir como propio, porque esto haría materialmente imposible nuestra existencia y además sería falaz e hipócrita. Pero, si esto es así, también lo es que no se puede vivir con indiferencia del sufrimiento generalizado de una parte de los españoles y este es el caso actual, en el que una parte importante de nuestros conciudadanos están atravesando por una terrorífica tribulación.

     Creemos vivir en un plácido bienestar invulnerable, en el que sesteamos cómodamente. Vivimos en un mundo donde casi todo funciona razonablemente, incluso cuando protestamos porque en nuestra opinión no funciona como debiera. Yo mismo me he quejado de ello en muchas ocasiones, cuando un tren se retrasa, cuando espero más de lo debido a mi juicio en una sala de espera de un médico, cuando hay un corte inesperado y molesto del tráfico. Pero todo ello queda como una leve brisa frente a un vendaval, si comparamos todos estos contratiempos con lo que ha ocurrido estos días en Valencia, en donde simplemente para muchas personas ha sido barrida la realidad. En unas pocas horas ha desaparecido bajo sus pies la cómoda existencia cotidiana, arrastrada por una inmensa marea de agua que no debería estar allí. Muchos han perdido la vida, pero no sólo eso, sino que nos ha mostrado a todos la enorme vulnerabilidad de nuestra complaciente existencia.  Siempre pensamos, como le ocurría a Abraracúrcix cuando se le surgía la idea de que el cielo pudiera desplomarse sobre su cabeza, que eso, aunque pueda suceder, no va a ocurrir mañana. Y así un día y otro día, siempre posponemos la amenaza, pensando en realidad que eso sólo le puede ocurrir a otros. O como mucho esas desgracias pueden producirse en países lejanos y poco desarrollados. Pero nunca en nuestro confortable occidente.

    Debemos tomar estar riadas como un aldabonazo en las conciencias que nos debe hacer pensar que no estamos tan lejos de lo imposible, de lo impensable. Por ejemplo, de vivir una guerra, con muertos reales y con bombardeos en nuestra ciudad. Lo hemos borrado de nuestro imaginario pese a que vivir una guerra le ha ocurrido a la mayoría de las generaciones desde que tenemos controlada la historia. Y de hecho probablemente en los últimos meses hemos tenido más cerca que nunca desde hace ochenta años el riesgo de una guerra en nuestra propia casa.

    Y es que este puede ser el verdadero problema de los países europeos y singularmente de España. Que los que los dirigen no atienden a las exigencias elementales del bien común. Están imbuidos de unas deleznables ideologías sectarias que persiguen intereses oscuros, nunca sabremos si por convicción fanática o por una búsqueda de la riqueza más desbordada o la conquista de un absoluto poder total, o tal vez por todas estas cosas a la vez.

      Y así por ejemplo nos llevan a tomar partido de manera irresponsable en conflictos bélicos regionales, haciéndonos defender a líderes y jerarcas corruptos, mientras se invoca una supuesta defensa de una democracia inexistente. Con ello están provocando una casi inevitable guerra con Rusia, que en principio no era para nosotros, los españoles, un vecino hostil. Puede que el regreso del vilipendiado Trump a la Casa Blanca, suavice esta situación, y regresemos a aquellos años en que gobernó y que, por causalidad o no, durante cuatro años no hubo ninguna guerra sobre el planeta. Pero esto está por ver.

   Y algo parecido ocurre con la política local española, donde estos iluminados dirigentes que tenemos llevan años únicamente enfrascados en sus luchas cainitas y en una ideologización de la realidad, que hace que no se preocupen ni actúen sobre las necesidades reales de la población, sino que tan solo están para defender ardorosamente postulados ideológicos etéreos.  Se olvidan de la gestión de problemas y búsqueda de soluciones y escudan su acción política en vagos principios no tangibles como la lucha contra el patriarcado, el cambio climático, la persecución  de imaginarios enemigos propaladores de bulos y otras mandangas por el estilo que les disculpan de ocuparse de lo real.  En esto consumen las energías y los recursos.

   Volviendo a los sucesos recientes de Valencia, estos han dejado al descubierto que en esa región, como en otras, no se han preocupado de prevenir las causas que han provocado el desastre y de mitigar sus efectos. La mayoría de los políticos sobre todo los de izquierdas y al frente de ellos el propio presidente de Gobierno, simplemente se lamentan de la inevitabilidad de lo ocurrido como consecuencia del cambio climático. Culpabilizan a toda la sociedad de  que haya habido inundaciones como responsables de provocar el cambio climático. (Quien es causa de la causa, es causa del mal causado).  Y de paso demonizan a los que desconfían de ese dogma como antisociales negacionistas. Cuando es probablemente al contrario, es su creencia ciega en el cambio climático y en la nueva religión panteísta del culto a la naturaleza lo que ha provocado en gran medida este desastre.

     Y no es una exageración porque es esa ideología o religión climática la que lleva por un lado a no limpiar los cauces provocando represamientos y embalsamientos que cuando rompen generan olas arrasadoras y por otro lado a no acometer la realización de  infraestructuras, como presas, embalses, encauzamientos, tanques de tormentas etc. que hubieran evitado muchas muertes. Si no hubiera existido el nuevo cauce del Turia probablemente Valencia capital estaría hoy arrasada. Pero esa obra enorme sólo se pudo hacer porque Franco priorizó la seguridad de los ciudadanos a la vida de los peces y las ranas. Hoy ocurre lo contrario. De hecho a punto han estado de devolver el paso del río a su cauce natural, con la “ideica” tan progre de “restaurar la naturaleza”.

    Pero es que una vez acontecido el desastre, el comportamiento de nuestros gobernantes ha sido también lamentable. Una descoordinación absoluta que ha demostrado que no están preparados para situaciones de crisis. Nuestra organización territorial, y perdón por el símil macabro, hace aguas por todos los lados. La bicefalia entre Estado y comunidades autónomas ha demostrado provocar unos daños criminales, ya que no hace otra cosa que descargar continuamente la responsabilidad en el otro, y de paso sacar rédito político para desgastar al contrario y conseguir arrebatarle su parcela de poder para que la ocupen los incompetentes de mi propio bando.

      En España es un clásico la utilización política descarada de las tragedias o desastres. Ocurrió en el “Prestige”, en los atentados del “11-M”, en la epidemia del virus chino …. Y ahora como en un  “déjà vu”  estamos nuevamente en una supuesta reacción social que no es otra cosa que una  orquestada lucha partidaria de baja estofa revestida de supuesto buenismo y pureza democrática. Alguna vez he caído en las redes de esta propaganda, hasta que me he dado cuenta de lo torticero y espurio de estas causas. Y lo absolutamente inmoral de utilizar a las víctimas para el éxito de los «míos», para que consigan el mezquino triunfo de conquistar un poco más de poder y se lo arrebaten al contrario. Como diría el castizo “quien no te conozca, que te compre”.

     Frente a estas respuestas manipuladas y teledirigidas, la auténtica reacción social la vimos en la visita personal del presidente del Gobierno, a la localidad Paiporta, donde fue recibido con abucheos, insultos y un bombardeo de blando barro, y de donde tuvo que salir poniendo los pies en polvorosa protegido por un ejército de guardaespaldas en evitación de un probable linchamiento. Este individuo estuvo meses estuvo acusando de esparcir fango sobre él a todos aquellos que denunciaban las corrupciones de su esposa, de su hermano, de sus ministros, y de él mismo, y mira por donde, resulta que quien hisopeó fango en su augusta cara fue el pueblo soberano.

      Y es que a veces hay justicia poética y resulta, que Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, como responsable último y vicario en la tierra hispana de la fe climática y por tanto causa eficiente última de sustentar un sistema que ha provocado estas inundaciones y llenado media provincia de Valencia de barro y lodo, es el que ha generado este océano de fango real, y no figurado como el que supuestamente manchaba su reputación. Tanto acusar a los demás de esparcir fango y resulta que la auténtica máquina del fango era él.

BEGOÑA, ORA PRO NOBIS.

    Uno intenta a veces enredar con las musas y conversar con los habitantes del Parnaso, para no atender a lo que pasa a nuestro alrededor. Por mi propia salud mental, tema que está de rabiosa actualidad, practico más de lo que me gustaría la estrategia del avestruz. Algo así como meter la cabeza bajo tierra, como medio de evasión, para no enterarme de nada. A veces me sirve de evasión el trabajo, la literatura, o incluso los deportes. Me dedico de manera compulsiva y hasta patológica a ver partidos de futbol, incluso ya jugados hace tiempo y de los que conozco el resultado, siempre a condición de que los gane mi querido equipo.

    Pero a veces esto se vuelve imposible, no hay forma de eludir la agresión mediática de la actualidad. Y esto es lo que ha ocurrido en los últimos días en este país. La sorpresa me la llevé cuando leí por casualidad que el presidente del gobierno de España se retiraba durante cinco días para decidir si dimitía o seguía en el cargo. No fui el único, la sorpresa y el estupor fue general. Parece que un juez tuvo dudas de la limpieza de la conducta de su augusta esposa, una tal Begoña, que no tiene más mérito vital que ser la esposa de un presidente, pero que se jacta de ser un lince captando fondos de entidades públicas para sus nobles causas, y al parecer hasta le han organizado unos cursillos para que imparta su magisterio. Begoña, speculum iustitiæ, ora pro nobis.

Ella, espejo de la justicia, que no estudió nada de provecho y que era la heredera natural de un lucrativo emporio de prostíbulos y lupanares de todo género sexual, se vio nombrada directora de un máster y dirigiendo una cátedra de una de las universidades más antiguas de España. No puedo menos que recordar al maestro Ciruela, que no sabía escribir y puso escuela.

     Obviamente esta señora en su programa del máster que imparte, enseña como lección magistral a sus alumnos lo siguiente: “la forma mejor de obtener fondos públicos para tus fines particulares es casarse con un presidente de gobierno”. Esto funciona en España y en Sebastopol. El programa adaptado a la realidad española cuenta como segunda lección, por si falla la primera y no consigues que tu marido llegue presidente, en  tener claro que la forma más fácil de conseguir fondos públicos es afiliarse al Partido Socialista Obrero Español. Se rumorea que van a fichar como profesores a Chaves, a Griñán, a Tito Berni, a Ábalos y a Koldo. Claustro difícilmente mejorable. Begoña, Sedes sapiéntiæ, ora pro nobis.

     Pero si todo esto son verdades axiomáticas no conviene decirlo mucho, porque el marido de la afectada se cabrea. Aprieta las mandíbulas y se retira a meditar si merece la pena seguir trabajando y seguir disfrutando de cuatro palacios, un par de aviones y una vida regalada con todos los gastos pagados o es mejor abandonarlo todo para compartir con su querida cónyuge pan y cebolla.

      Y ocurrió. Hemos conseguido enfadarle y nos ha castigado con una cartita plagada de amenazas y cursilería en la misma proporción. En ella nos confiesa, ese doctor cum fraude, que está enamorado. No sólo eso, sino profundamente enamorado. Y así descubrimos, que es capaz de sentir amor por alguien que no sea él mismo. O eso dice él.  Me lo imagino en la soledad de la Moncloa cantando trovas bajo la ventana de Begoña como Don Mendo cantaba a su Magdalena. Sí, nos confiesa sin ruborizarse que ama a la señora de los másteres, a la captafondos profesional. La ama y como prueba de amor, se retira para castigarnos a todos los españoles, porque un juez español, o sea uno de nosotros, ha osado no adorar la inmaculada imagen de su esposa. Begoña, turris ebúrnea, ora pro nobis.

      Y así nos ha tenido en vilo durante cinco días, durante los cuales no nos ha dirigido la palabra de tan ofendido como estaba. Mientras tanto sus bacantes adoradoras caían en un éxtasis de frenesí desenfrenado jurándole fidelidad hasta la muerte y sus vicepresidentas se declaraban perras fieles y se mesaban en público los cabellos retorciendo su cabeza y cabellera como si fueran la niña del exorcista. Muchos nos hemos quedado con ganas de saber la sustancia que puede transformar a una simple ministra verdulera en una peonza histérica.  Me recordaban a la niñera de “La Semilla del Diablo” que se arrojaba desde una ventana como prueba de fidelidad con el maligno. Todo su gobierno en pleno se rasgaba las vestiduras suplicando a su jefe que no les abandonara. Y para redondear el espectáculo, trajeron en autobuses a unos cuantos adeptos para servir de comparsas y de figurantes en ese obsceno aquelarre de fanático culto al líder. Apenas unos pocos incondicionales y hooligans de la nostalgia frentepopulista que fueron presentados por los medios de comunicación como grandes masas enfervorizadas apoyando al melancólico ausentado.

    Y mientras tanto el líder silente. Encerrado en su palacio junto a su amada Begoña. Castigándonos con su silencio e indiferencia por haber ofendido a su dama. Haciendo sufrir a los suyos ante la posibilidad de que les abandonara para siempre y manteniendo perpleja al resto de la ciudadanía que en su mayoría tenía más que claro que ese señor no abandonaría su poltrona ni a tiros.

    Y así pasaron, uno, dos, tres y cuatro días. Y todos sus medios de comunicación filtrando la idea de que el gran líder estaba sufriendo por amor. Y más “no te vayas” y más “quédate”. Farsa grotesca y esperpento que ni Valle Inclán pudo imaginar. Mientras tanto todos los españoles pensando que algo podría ocurrir. La mayoría seguros de que seguiría, pero soñando que por un milagro pudiéramos perderle de vista. Pero todos, admiradores y detractores, sin excepción expectantes y atentos a su estrambótica salida de pata de banco. Y así nos ha tenido pendientes de su sacrosanta decisión, todo paralizado durante cinco largos días y nada más que fijos en el ombligo presidencial.

 Y por fin llegó el quinto día, máxima expectación. ¿A qué hora hablará? ¿Qué nos dirá? ¿Se irá o se quedará? Finalmente se nos apareció en carne mortal, él, el líder máximo, el líder inmenso y nos dijo aquello de “si alguien ha pensado que me voy a ir, “tararí que te vi”, que me quedo”. Al quinto día resucitó.

      Pero ojo, aunque no se vaya, ya nos advirtió a todos los españolitos que no nos creamos que esto va  a quedar así. Todo va a cambiar a partir de ahora. Nos vamos a enterar de lo que es bueno. A un líder máximo y excelso conducator no se le hace sufrir sin pagar las consecuencias. A partir de ahora nadie va a poder decir nada que disguste a su “sanchidad”, a partir de ahora los jueces tendrán que obedecerle, los periodistas ensalzarle y el pueblo adorarle. Y también a Begoña, claro. Puesto que él la ama, todos debemos amarla. Begoña, estella matutina, ora pro nobis.

   Su eminencia ha decretado, después de este bochinche, que todo aquello que le disguste es un bulo. Y que todo el que dice bulos debe ser callado para siempre. Ha decretado que todo ataque a él y a su ideología es un ataque a la democracia. Que todo el que no esté genuflexo ante su presencia es un ultraderechista y como tal debe, previo paso por Paracuellos, acabar con su limpio cráneo en las criptas de lo que él llama Cuelgamuros. Hace no muchas fechas, antes de su terrible enfado, ya estuvo por allí comprobando lo bien muertos que están aquellos que los socialistas asesinaron en la pasada guerra.

    Pero de esta terrible ofensa debemos  sobre todo comprender que tenemos que  estar agradecidos por ser un adalid de la verdad y de la democracia. Debemos dar las gracias al amado líder por seguir en el poder y pedirle por favor que no lo abandone nunca. Y también dar gracias a su augusta esposa Begoña porque por ella por fin en España va a reinar de manera absoluta la verdad y la democracia. Begoña, regina pacis, ora pro nobis.

    Intento tomármelo con humor, tomármelo a coña, (perdón a Begoña), pero no es así como se lo toma nuestro gobierno. Se ha tomado muy en serio lo de aplastar cualquier disidencia, utilizando una obscena censura y la cancelación de cualquier discrepante. Es desde luego para sentir temor ante lo que se nos viene encima. Una vuelta de tuerca en el totalitarismo cesarista de este presidente, arropado por todos, sin excepción, los enemigos de España, desde los terroristas, los independistas, el vecino del Sur y hasta el alcalde de la colonia del Peñón. Todos ellos saben que este presidente es su mejor aliado.  Pero hay que resistir. Y por qué no, reírse un poco de lo ridículos que son, y sentir un poco de vergüenza ajena para suplir la que le falta a tanto sinvergüenza. Y saben a quién me refiero.