LA GANGRENA

Hace tiempo que busco una respuesta a lo que está pasando en España en los últimos años. Tenemos un gobierno que es como una maldición, y dirigido por quien según me dice una persona muy cercana, es la encarnación del Maligno. Caigo en la desesperanza y en la melancolía, que no es otra cosa que sentirse dominado por los humores corporales más negativos,  umbrío por la pena, casi bruno,  parafraseando a Miguel Hernández. Nunca llegué a imaginar el grado de descomposición que tiñe la actual vida política española.

     Pensé en algún momento que me eran insoportables las corruptelas de unos cuantos desaprensivos, queriendo pensar  que las noticias que nos inundan cada día sobre corrupción eran una excepción, como una leve capa de moho sobre una fruta, que finalmente con un poco de destreza se puede retirar y disfrutar de su sabor. No, no era eso, la realidad era que al abrir la manzana se descubre que, bajo una apariencia de sabrosa lozanía, el interior estaba totalmente podrido y colonizado por saludables gusanos que la fagocitan. Algo parecido ocurre en España, aparentamos tener una lozana salud democrática que en la realidad no es más que un envoltorio pomposo y grandilocuente que oculta una chusca mafia que controla una nomenclatura que se enriquece y disfruta de los placeres del poder a costa de todos nosotros.

   Nos dicen que somos demócratas, que somos modernos, sostenibles, solidarios, inclusivos, que somos todo esto y que vivimos en un régimen equiparable a las democracias europeas. Pero yo me permito dudarlo y afirmar que en realidad somos los sufridores y “paganinis” que  mantenemos en el poder a una elite depredadora. Pero eso sí, con buenas palabras, que somos por fin civilizados. La pregunta real es por qué lo consentimos si se supone que estamos en una democracia en la que manda el pueblo. La respuesta es sencilla, ni lo uno ni lo otro es cierto. Ni estamos en una democracia ni manda el pueblo, ni en realidad ha mandado nunca, sino que casi siempre ha sido el instrumento para que las clases dominantes perpetúen su dominación. Es cierto que con el imperfecto sistema electoral se consigue una cierta rotación en las personas que se enriquecen al cambiar las estructuras de saqueo sistémico de los recursos públicos. Quizás en un plano superior haya poderes inamovibles que no se ven afectados por estos vaivenes electorales. Me atrevería a afirmarlo, así como que éstos son quienes juegan con los que están debajo y que periódicamente los cambian por otros que como los anteriores no se atrevan a discutir a ese verdadero poder.

      Recuerdo cuando un discurso parecido lo defendían unos cuantos idealistas desharrapados que se instalaron en la Puerta del Sol de Madrid, con el auto calificativo de “indignados”. ¿Ubi sunt? ¿ Dónde están aquellos que querían restaurar la verdadera democracia?. Me temo que unos instalados en un “casoplón” en Galapagar,  otros robando a banderas desplegadas todo el dinero público y otros, la mayoría en sus casas con cara de tontos por haberse sentido utilizados por los de siempre, a los que aparentemente parecían atacar y sintiendo una especie de vergüenza retrospectiva ante tanta candidez de verse girando las manos a modo de aplausos. Es decir aplaudiendo en silencio a sus verdugos.

    Con el tiempo vamos aprendiendo que la clase política que accede a gobernar por las reglas democráticas, cuando alcanzan sus objetivos lo hacen ávidos de zambullirse en ese gran mundo que da el dinero y el poder. Y saben que tienen un tiempo limitado para conseguirlo por lo que no pueden perder tiempo ni energías en otras cuestiones como sería el interés general. Me recuerda a aquel que estando herido tenía en torno a la herida una nube de moscas, y al acercarse otro a espantarlas queriendo ayudarle, el primero le decía que por favor no las espantase, que las que están, ya están saciadas y que si se iban llegarían otras que chuparían la sangre con todavía más avidez. La alternancia política no hace sino acercar nuevas moscas ávidas de sangre a la herida por la que supura la sociedad.

     Y en este momento en la situación concreta de España estamos descubriendo, por razones que todavía no comprendo demasiado bien, a un festín de moscas hambrientas o de buitres carroñeros en torno a un cadáver moribundo. Les estamos viendo la cara y sus sanguinolentos ojos. Lo cual hay que reconocerlo, es una novedad importante, ya que hasta ahora unos y otros habían actuado ocultos a nuestra vista y con la más total impunidad. Los recientes acontecimientos nos han demostrado y probado que realmente lo que se ocultaba bajo el manto de la normalidad democrática no era más que un patio de Monipodio, en el que nos robaban a manos llenas. Una cleptocracia en toda regla, de la que pocos políticos escapan, pero que tiene su auténtico hábitat natural en el entorno de las izquierdas y en particular del llamado Partido Socialista Obrero Español. No es que las derechas escapen a esta tentación de aprovecharse del poder cuando lo tienen, pero creo que en comparación con el otro extremo del espectro político, en mi modesta opinión, son meros aprendices.

     Y no se puede obviar que lamentablemente hay un importante factor sociológico que sostiene a los corruptos de izquierdas y que hace que a pesar de todo tengan un sector y no menor de la sociedad que justifica sus conductas. Y es que muchos de los votantes, militantes y simpatizantes de las izquierdas no ven del todo mal que los suyos roben a manos llenas, con tal que consigan y logren que no lleguen al poder los adversarios, las odiadas derechas y ultraderechas, en una palabra, los fascistas. Si pillan al ladrón con las manos en la masa, o las joyas robadas en su caja fuerte, enseguida encuentran una disculpa o le echan la culpa al policía o al Juez que les tiene manía. Este objetivo opaca cualquier crítica porque creen que la parte mollar de lo robado va a crear y mantener unas estructuras que hagan conseguir y luego mantener el poder de los suyos. El fin progresista justifica los medios, sean lícitos o ilícitos. Con esta finalidad de mantener a una elite que afirme que es progresista y de vez en cuando suelte alguna migaja a los ciudadanos se puede soportar todo, absolutamente todo. Especialmente tragar con las groseras mentiras con las que seducen a incautos y que contradicen continuamente con sus actos. Sueltan arengas contra la prostitución mientras regentan lupanares, prohíben el tabaco mientras fuman como chimeneas, pontifican contra las drogas y no hacen una fiesta sin su nieve en la nariz, defienden la enseñanza pública pero llevan a sus hijos a carísimos colegios y universidades privadas …. La lista sería interminable, por no entrar en las lecciones sobre moral feminista, cuando muchos de ellos acaban siendo denunciados por abusos sexuales variados.

     Pero realmente si lo analizamos fríamente el problema es más profundo, ya que la corrupción y el robo sistematizado no es la enfermedad, sino que es solo el síntoma. El mal que subyace y de lo que todo lo dicho no son más que manifestaciones cutáneas o superficiales, a modo de chancros sifilíticos, es la toma del poder por parte de una camarilla que se autodenomina progresista y que tiene el objetivo de colonizar y controlar todas absolutamente todas las instituciones de la nación. Cualquiera que se quiera mirar, y tanto públicas como privadas. Así ocurre con el gobierno de la nación que es el principal instrumento para este control, y después de éste todo lo demás, llámese Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas, Consejo de Estado, Televisiones públicas, Fiscalía General del Estado, Consejo del Poder Judicial, Tribunal de la Competencia, Empresas participadas por el Estado, la SEPI, correos, paradores Nacionales, …. Llenaría varios folios con todos los organismos o instituciones que tienen infiltrados en su estrategia de toma del poder. El único objetivo aceptable es conquistar el poder, parasitarlo y mantenerlo a toda costa, incluso contra la opinión mayoritaria del pueblo. Maquiavelo fue solo el autor de la primera entrega del Manual de Resistencia.

  Esta estrategia de dominación es el verdadero peligro, y con lo que hay que acabar si se quiere tener una sociedad sana. Si se acaba con este ecosistema se acabará con la corrupción que vive perfectamente adaptada a dicho hábitat, con una impunidad que se torna escandalosa. Si solo se quita el moho de las corruptelas sin atacar el mal profundo, será solo un mero maquillaje de la realidad. Es cierto que es una tarea complicada, pero si no se tiene claro el propósito, se cometerán nuevamente errores pasados. No se trata de deponer a un maligno gobernante, o no solo se trata de esto, también de deshacer desde los cimientos toda su obra.

    Quizás no esté todo perdido. Hace tres o cuatro años era más pesimista, porque la inacción frente a este totalitarismo rampante era total. Me he llevado la grata sorpresas en los últimos años que como dijera aquel aldeano de Potsdam, todavía quedan jueces en Berlín, y al parecer también en Madrid, incluso en Badajoz.   Y es así que algunos poderes del Estado, como jueces independientes, unos pocos y valientes fiscales y algunos reductos de la policía y Guardia Civil , han tenido la valentía de dejar de mirar para otro lado ante las escandalosas y descaradas corrupciones que han proliferado en torno al gobierno actual  y  han comenzado a actuar, cada uno en lo que le corresponde.

      Es gratificante ver entrar en la cárcel a los que hasta hace poco tiempo eran todopoderosos ministros, y que por fin se condene a las sanguijuelas que viven de robar dinero público, de la mentira institucionalizada, o de practicar con descaro el nepotismo. Pero no nos confundamos, esto es solo la capa superficial de lodo, que como aceite flota sobre el hediondo pozo negro que son los actuales rectores del gobierno de la nación. Como ya anticipé, se hace preciso cortar por lo sano para quitar la gangrena. Y esto es algo que solo se puede hacer desde un gobierno alternativo que llegue algún día con energía y resolución para limpiar todas las zahúrdas donde se han instalado los actuales detentadores del poder, con el propósito deliberado de permanecer allí para siempre.

BEGOÑA, ORA PRO NOBIS.

    Uno intenta a veces enredar con las musas y conversar con los habitantes del Parnaso, para no atender a lo que pasa a nuestro alrededor. Por mi propia salud mental, tema que está de rabiosa actualidad, practico más de lo que me gustaría la estrategia del avestruz. Algo así como meter la cabeza bajo tierra, como medio de evasión, para no enterarme de nada. A veces me sirve de evasión el trabajo, la literatura, o incluso los deportes. Me dedico de manera compulsiva y hasta patológica a ver partidos de futbol, incluso ya jugados hace tiempo y de los que conozco el resultado, siempre a condición de que los gane mi querido equipo.

    Pero a veces esto se vuelve imposible, no hay forma de eludir la agresión mediática de la actualidad. Y esto es lo que ha ocurrido en los últimos días en este país. La sorpresa me la llevé cuando leí por casualidad que el presidente del gobierno de España se retiraba durante cinco días para decidir si dimitía o seguía en el cargo. No fui el único, la sorpresa y el estupor fue general. Parece que un juez tuvo dudas de la limpieza de la conducta de su augusta esposa, una tal Begoña, que no tiene más mérito vital que ser la esposa de un presidente, pero que se jacta de ser un lince captando fondos de entidades públicas para sus nobles causas, y al parecer hasta le han organizado unos cursillos para que imparta su magisterio. Begoña, speculum iustitiæ, ora pro nobis.

Ella, espejo de la justicia, que no estudió nada de provecho y que era la heredera natural de un lucrativo emporio de prostíbulos y lupanares de todo género sexual, se vio nombrada directora de un máster y dirigiendo una cátedra de una de las universidades más antiguas de España. No puedo menos que recordar al maestro Ciruela, que no sabía escribir y puso escuela.

     Obviamente esta señora en su programa del máster que imparte, enseña como lección magistral a sus alumnos lo siguiente: “la forma mejor de obtener fondos públicos para tus fines particulares es casarse con un presidente de gobierno”. Esto funciona en España y en Sebastopol. El programa adaptado a la realidad española cuenta como segunda lección, por si falla la primera y no consigues que tu marido llegue presidente, en  tener claro que la forma más fácil de conseguir fondos públicos es afiliarse al Partido Socialista Obrero Español. Se rumorea que van a fichar como profesores a Chaves, a Griñán, a Tito Berni, a Ábalos y a Koldo. Claustro difícilmente mejorable. Begoña, Sedes sapiéntiæ, ora pro nobis.

     Pero si todo esto son verdades axiomáticas no conviene decirlo mucho, porque el marido de la afectada se cabrea. Aprieta las mandíbulas y se retira a meditar si merece la pena seguir trabajando y seguir disfrutando de cuatro palacios, un par de aviones y una vida regalada con todos los gastos pagados o es mejor abandonarlo todo para compartir con su querida cónyuge pan y cebolla.

      Y ocurrió. Hemos conseguido enfadarle y nos ha castigado con una cartita plagada de amenazas y cursilería en la misma proporción. En ella nos confiesa, ese doctor cum fraude, que está enamorado. No sólo eso, sino profundamente enamorado. Y así descubrimos, que es capaz de sentir amor por alguien que no sea él mismo. O eso dice él.  Me lo imagino en la soledad de la Moncloa cantando trovas bajo la ventana de Begoña como Don Mendo cantaba a su Magdalena. Sí, nos confiesa sin ruborizarse que ama a la señora de los másteres, a la captafondos profesional. La ama y como prueba de amor, se retira para castigarnos a todos los españoles, porque un juez español, o sea uno de nosotros, ha osado no adorar la inmaculada imagen de su esposa. Begoña, turris ebúrnea, ora pro nobis.

      Y así nos ha tenido en vilo durante cinco días, durante los cuales no nos ha dirigido la palabra de tan ofendido como estaba. Mientras tanto sus bacantes adoradoras caían en un éxtasis de frenesí desenfrenado jurándole fidelidad hasta la muerte y sus vicepresidentas se declaraban perras fieles y se mesaban en público los cabellos retorciendo su cabeza y cabellera como si fueran la niña del exorcista. Muchos nos hemos quedado con ganas de saber la sustancia que puede transformar a una simple ministra verdulera en una peonza histérica.  Me recordaban a la niñera de “La Semilla del Diablo” que se arrojaba desde una ventana como prueba de fidelidad con el maligno. Todo su gobierno en pleno se rasgaba las vestiduras suplicando a su jefe que no les abandonara. Y para redondear el espectáculo, trajeron en autobuses a unos cuantos adeptos para servir de comparsas y de figurantes en ese obsceno aquelarre de fanático culto al líder. Apenas unos pocos incondicionales y hooligans de la nostalgia frentepopulista que fueron presentados por los medios de comunicación como grandes masas enfervorizadas apoyando al melancólico ausentado.

    Y mientras tanto el líder silente. Encerrado en su palacio junto a su amada Begoña. Castigándonos con su silencio e indiferencia por haber ofendido a su dama. Haciendo sufrir a los suyos ante la posibilidad de que les abandonara para siempre y manteniendo perpleja al resto de la ciudadanía que en su mayoría tenía más que claro que ese señor no abandonaría su poltrona ni a tiros.

    Y así pasaron, uno, dos, tres y cuatro días. Y todos sus medios de comunicación filtrando la idea de que el gran líder estaba sufriendo por amor. Y más “no te vayas” y más “quédate”. Farsa grotesca y esperpento que ni Valle Inclán pudo imaginar. Mientras tanto todos los españoles pensando que algo podría ocurrir. La mayoría seguros de que seguiría, pero soñando que por un milagro pudiéramos perderle de vista. Pero todos, admiradores y detractores, sin excepción expectantes y atentos a su estrambótica salida de pata de banco. Y así nos ha tenido pendientes de su sacrosanta decisión, todo paralizado durante cinco largos días y nada más que fijos en el ombligo presidencial.

 Y por fin llegó el quinto día, máxima expectación. ¿A qué hora hablará? ¿Qué nos dirá? ¿Se irá o se quedará? Finalmente se nos apareció en carne mortal, él, el líder máximo, el líder inmenso y nos dijo aquello de “si alguien ha pensado que me voy a ir, “tararí que te vi”, que me quedo”. Al quinto día resucitó.

      Pero ojo, aunque no se vaya, ya nos advirtió a todos los españolitos que no nos creamos que esto va  a quedar así. Todo va a cambiar a partir de ahora. Nos vamos a enterar de lo que es bueno. A un líder máximo y excelso conducator no se le hace sufrir sin pagar las consecuencias. A partir de ahora nadie va a poder decir nada que disguste a su “sanchidad”, a partir de ahora los jueces tendrán que obedecerle, los periodistas ensalzarle y el pueblo adorarle. Y también a Begoña, claro. Puesto que él la ama, todos debemos amarla. Begoña, estella matutina, ora pro nobis.

   Su eminencia ha decretado, después de este bochinche, que todo aquello que le disguste es un bulo. Y que todo el que dice bulos debe ser callado para siempre. Ha decretado que todo ataque a él y a su ideología es un ataque a la democracia. Que todo el que no esté genuflexo ante su presencia es un ultraderechista y como tal debe, previo paso por Paracuellos, acabar con su limpio cráneo en las criptas de lo que él llama Cuelgamuros. Hace no muchas fechas, antes de su terrible enfado, ya estuvo por allí comprobando lo bien muertos que están aquellos que los socialistas asesinaron en la pasada guerra.

    Pero de esta terrible ofensa debemos  sobre todo comprender que tenemos que  estar agradecidos por ser un adalid de la verdad y de la democracia. Debemos dar las gracias al amado líder por seguir en el poder y pedirle por favor que no lo abandone nunca. Y también dar gracias a su augusta esposa Begoña porque por ella por fin en España va a reinar de manera absoluta la verdad y la democracia. Begoña, regina pacis, ora pro nobis.

    Intento tomármelo con humor, tomármelo a coña, (perdón a Begoña), pero no es así como se lo toma nuestro gobierno. Se ha tomado muy en serio lo de aplastar cualquier disidencia, utilizando una obscena censura y la cancelación de cualquier discrepante. Es desde luego para sentir temor ante lo que se nos viene encima. Una vuelta de tuerca en el totalitarismo cesarista de este presidente, arropado por todos, sin excepción, los enemigos de España, desde los terroristas, los independistas, el vecino del Sur y hasta el alcalde de la colonia del Peñón. Todos ellos saben que este presidente es su mejor aliado.  Pero hay que resistir. Y por qué no, reírse un poco de lo ridículos que son, y sentir un poco de vergüenza ajena para suplir la que le falta a tanto sinvergüenza. Y saben a quién me refiero.

¿FRANCIA O ARGENTINA?

El Mundial de fútbol es un buen termómetro que me sirve para evaluar el estado de mis filias  y mis fobias en relación con los países que compiten. Tengo muy claro que mis odios favoritos son los descendientes de las Provincias Unidas, es decir Holanda, que ahora se empeña, en que le llamemos Países caídos, o bajos o hundidos o algo así. Y por otro lado Bélgica, quien en los últimos tiempos ha renovado sus votos de odio a España acogiendo al catalufo huido y dando cobijo a cuanto etarra y delincuente pide allí refugio..

    En mi escalafón de desafectos luego aparecen Francia e Inglaterra por razones históricas evidentes. Los primeros nos endilgaron a los borbones, luego nos invadieron y siempre nos han mirado por encima del hombro como si fuéramos los parientes pobres, los subdesarrollados vecinos  del Sur. Los segundos se inventaron aquel libelo de llamar a la Gran Armada como la “invencible” para reírse de nosotros, aunque luego palmaran ellos muchos más barcos en la “Contraarmada”, una de las derrotas navales más humillantes de la historia de la humanidad y por supuesto más olvidada. Luego nos han apabullado con ese idioma cacofónico que parece que hay que saber por ley natural, por no entrar en la presente humillación a que nos someten manteniendo sobre una parte de Andalucía la única colonia que permanece en Europa.

   Para que no se diga que no me cae bien nadie, diré que entre los europeos sí que me caen bien y deseo en general que ganen sus partidos, países como Italia o Portugal, o Irlanda. Otros muchos me son indiferentes y puedo irme con ellos o no en función de su juego, del momento concreto o lo que sea. Por ejemplo Austria, Grecia, Alemania, Polonia, Rusia etc.

   Pero hablando de fútbol no se puede dejar de mencionar a los países de las selecciones americanas. En general las apoyo y tienen mis simpatías, salvo que haya algún jugador en concreto que la contamine. Pero cuando ese jugador desaparece recupero los afectos. Tienen todas mis simpatías, Colombia, Méjico, Uruguay, de entre las más destacadas en el mundo futbolero. Con Brasil tengo variaciones muy intensas de afecciones, como si fueran alteraciones ciclotímicas del humor, a veces me encanta y otras no puedo ni verla. Y es incontrolable, y no sé cuándo voy a pasar de un sentimiento a otro.

    Y así llegamos a Argentina. Yo con Argentina tengo que hacer un esfuerzo intelectual para apoyarla. A primera vista no me resultan simpáticos, quizás porque en cierto modo son como los franceses de América, que miran un poco por encima del hombro a todos los demás. Por ello tengo que hace el ejercicio de recordar que es un país hermano, que conozco argentinos que son buenos tipos. Que individualmente me caen bien y tienen una visión del mundo parecida a la mía. Tengo que convencerme que no hago bien deseándoles el mal.

      Dentro de un par de días se juega la final del campeonato del Mundo de fútbol entre Francia y Argentina. Y me surge la pregunta que me han hecho ya varias veces ¿con quién me voy?. Debería contestar sin vacilar con Argentina. Pero …..

   Francia además de los prejuicios mencionados, pesa en mi ánimo contra ellos, en este caso futbolero en concreto, que es uno de los principales artífices de que se haya organizado este campeonato en Qatar. Se ha sabido que Nicolás Sarkozy, habría supervisado personalmente un trato corrupto en beneficio de Catar en una reunión secreta en el Palacio del Elíseo, el 23 de noviembre de 2010, con el príncipe heredero de Catar, Tamin bin Hammad al-Thani, Michel Platini  (léase “platinííí”, poniendo boquita de piñón), entonces presidente de la UEFA y Sebastián Bazin, propietario del París Saint-Germain. En la reunión, al parecer, se acordó que Platini votaría a favor de Catar y, a cambio, el país árabe ayudaría a superar la quiebra financiera que sufría el PSG. Le regalaron el Paris Sant Germain a los jeques cataríes para que con su dinero infinito pudiera lucir París un equipo de primera fila y conseguir superar así a un odioso equipo que en una capital de menor fuste consigue birlarle todas las copas de Europa. Por desgracia para ellos desde el año 2010 el Real Madrid ha ganado cinco títulos europeos por ninguno del equipo de la Ciudad de la Luz.  Y por cierto este mundial si no hubiera sido por estas corruptas maniobras lo habría organizado España y Portugal, países mucho más futboleros que Qatar, que tiene por deporte nacional la represión de homosexuales y la humillación de las mujeres. Pero,  Oh lá lá!, Francia consiguió el mundial para Qatar, y ahora éste le devuelve el favor colocando a Francia en la final y probablemente haciendo que lo gane. No me quiero ir con Francia. La presunta “grandeur” no es otra cosa que una mezcla de corrupción y prepotencia, hoy encarnada en el grimoso globalista Macron, cuya visión me recuerda demasiado al presidente español como para que me pueda caer bien.

   Entonces, después de todo lo escrito, está claro que debería irme con Argentina. ¿no? Es lo lógico. Y así debería ser. Pero creo que me lo ponen imposible. Cuando se trata de futbol los argentinos se vuelven seres abyectos y se comportan como unas desquiciadas verduleras cuando no como la mismísima niña del exorcista. No es que en general el forofo futbolero no sea en cualquier lugar un boludo por usar sus palabras. Pero en el caso de los argentinos roza el delirio surrealista. Sale a relucir un míster Hyde en cuanto empieza a rodar el balón, y si se trata de la selección nacional, la cosa se va de madre. No hay más que recordar la veneración casi sacrílega que tienen por un chulo cocainómano, cuyo mayor mérito en la historia es haber metido un gol con la mano.

     Pues bien un ejemplo de energumenismo lo tuvimos el otro día, en el que en un partido cualquiera de este mundial un árbitro español tuvo la osadía de pitarles algo que no les pareció bien y ello llevó a un periodista argentino, un tal Alejandro Fantino, a despacharse con las siguientes palabras “…. unos hijos de puta (los españoles), boludo. ¿Cómo no te vas a enojar? Los roban a Uruguay como los roban. …. ¡Son unos ladrones! Hace 500 años que nos roban, hace 500 años nos robaron el oro, la plata, nos trajeron enfermedades y nos hicieron mierda ¡Y ahora nos siguen garchando estos hijos de puta! ¡Hijo de puta! ¡Ladrones hijos de puta! ¡Ladrones! ¡Soretes! ¡Chorros! .

    Aunque se entiende casi todo, se aclara que en lunfardo “garchar” significa coger en el sentido que le dan por aquellas tierras; “Soretes”, es algo así como una porción de excrementos y “Chorros”, los que son amigos de lo ajeno (¿Se referirá la expresión a los chorros de pasta que se ha embolsado Cristina F. K.?)

     Hecha esta aclaración, lo relevante es la continua aparición de los tópicos negrolegendarios contra España a las primeras de cambio. Para los que niegan la existencia de la leyenda negra o la ven como algo del pasado hoy superado, esto es un ejemplo de que eso no es así, que sigue siendo un argumento que sale a relucir contra España y los españoles en cuanto se da la primera ocasión. Se puede argumentar que ese señor es un descerebrado, que lo es, con el atenuante de obnubilación futbolera transitoria, y que afortunadamente no todos los argentinos son así. Pero aunque todo eso es cierto, también lo es que ese tipo no hubiera utilizado esa sarta de tópicos antiespañoles si no estuvieran flotando por el subconsciente colectivo de  las gentes que forman esa nación y posiblemente muchas otras.

   No voy a perder demasiado tiempo en rebatir los argumentos, que son grotescos en un argentino  que tiene apellidos europeos, ya que sería él mismo el culpable de los males que acusa. Además, que un argentino, patria de los Kirchner, llame ladrones a los españoles por robar plata es un tropo poético pendiente de darle nombre porque soy incapaz de encuadrarlo en ninguna de las categorías habituales (En todo caso le recordaría aquello de la Venganza de don Mendo: “sabed que a mi lo hiperbólico no me resulta simpático”).

     Además este ultra fanático argentino al llamar ladrones a todos los españoles sin excepción, sin saberlo está insultando a su idolatrado Messi, que aunque él no lo sepa tiene nacionalidad española (como casi todos los jugadores argentinos que juegan o han jugado en Europa, entre ellos el propio Messi, Ángel Correa, que juegan en la selección actualmente y otros muchos  del pasado como Kun Agüero, Jorge Valdano, Cholo Simeone, y el mismísimo Alfredo Di Stefano) .

  Me gusta el fútbol, pero detesto el mal gusto y la estética forofera que lo rodea. Lo vivo con pasión cuando es mi equipo o mi país los que juegan, pero intento por todos los medios no traspasar los límites de la educación y de la elegancia y no caer en la extravagancia de las chusmas desatadas, que parecen tener bula para exhibir lo más cutre de la sociedad cuando se juntan en manadas a celebrar una victoria o cuando sin pudor lloran hasta el exceso las derrotas.

   En fin, volviendo a la elección de mi favorito, creo que Francia tendría a su favor que en general sus aficionados son algo más elegantes, más cercanos a los españoles en lo europeo y en el campo estético. Pero pese a todos los agravios, siento que Argentina es, como diría un mafioso, “uno de los nuestros”. Quiero olvidarme de ese periodista y sus insultos y excesos verbales, quiero olvidarme de los escupitajos del maleducado Messi, del cura Bergoglio y de algunos otros parecidos. Prefiero quedarme con el amor a España que tenían Juan Domingo y Evita, o Yrigoyen, o Enrique Larreta. Y en el mundo del Fútbol me quedaré con el saber estar y continencia de Valdano, con el afecto de Andrés Calamaro, y con tantos y tantos otros argentinos anónimos que me he cruzado en la vida y que he sentido como personas cercanas, mucho más que los engallados franceses.

A pesar de todo, haciendo de tripas corazón, pondré la otra mejilla, y apoyaré sin reservas a Argentina. Qué Dios reparta suerte.