Uno intenta a veces enredar con las musas y conversar con los habitantes del Parnaso, para no atender a lo que pasa a nuestro alrededor. Por mi propia salud mental, tema que está de rabiosa actualidad, practico más de lo que me gustaría la estrategia del avestruz. Algo así como meter la cabeza bajo tierra, como medio de evasión, para no enterarme de nada. A veces me sirve de evasión el trabajo, la literatura, o incluso los deportes. Me dedico de manera compulsiva y hasta patológica a ver partidos de futbol, incluso ya jugados hace tiempo y de los que conozco el resultado, siempre a condición de que los gane mi querido equipo.
Pero a veces esto se vuelve imposible, no hay forma de eludir la agresión mediática de la actualidad. Y esto es lo que ha ocurrido en los últimos días en este país. La sorpresa me la llevé cuando leí por casualidad que el presidente del gobierno de España se retiraba durante cinco días para decidir si dimitía o seguía en el cargo. No fui el único, la sorpresa y el estupor fue general. Parece que un juez tuvo dudas de la limpieza de la conducta de su augusta esposa, una tal Begoña, que no tiene más mérito vital que ser la esposa de un presidente, pero que se jacta de ser un lince captando fondos de entidades públicas para sus nobles causas, y al parecer hasta le han organizado unos cursillos para que imparta su magisterio. Begoña, speculum iustitiæ, ora pro nobis.
Ella, espejo de la justicia, que no estudió nada de provecho y que era la heredera natural de un lucrativo emporio de prostíbulos y lupanares de todo género sexual, se vio nombrada directora de un máster y dirigiendo una cátedra de una de las universidades más antiguas de España. No puedo menos que recordar al maestro Ciruela, que no sabía escribir y puso escuela.
Obviamente esta señora en su programa del máster que imparte, enseña como lección magistral a sus alumnos lo siguiente: “la forma mejor de obtener fondos públicos para tus fines particulares es casarse con un presidente de gobierno”. Esto funciona en España y en Sebastopol. El programa adaptado a la realidad española cuenta como segunda lección, por si falla la primera y no consigues que tu marido llegue presidente, en tener claro que la forma más fácil de conseguir fondos públicos es afiliarse al Partido Socialista Obrero Español. Se rumorea que van a fichar como profesores a Chaves, a Griñán, a Tito Berni, a Ábalos y a Koldo. Claustro difícilmente mejorable. Begoña, Sedes sapiéntiæ, ora pro nobis.
Pero si todo esto son verdades axiomáticas no conviene decirlo mucho, porque el marido de la afectada se cabrea. Aprieta las mandíbulas y se retira a meditar si merece la pena seguir trabajando y seguir disfrutando de cuatro palacios, un par de aviones y una vida regalada con todos los gastos pagados o es mejor abandonarlo todo para compartir con su querida cónyuge pan y cebolla.
Y ocurrió. Hemos conseguido enfadarle y nos ha castigado con una cartita plagada de amenazas y cursilería en la misma proporción. En ella nos confiesa, ese doctor cum fraude, que está enamorado. No sólo eso, sino profundamente enamorado. Y así descubrimos, que es capaz de sentir amor por alguien que no sea él mismo. O eso dice él. Me lo imagino en la soledad de la Moncloa cantando trovas bajo la ventana de Begoña como Don Mendo cantaba a su Magdalena. Sí, nos confiesa sin ruborizarse que ama a la señora de los másteres, a la captafondos profesional. La ama y como prueba de amor, se retira para castigarnos a todos los españoles, porque un juez español, o sea uno de nosotros, ha osado no adorar la inmaculada imagen de su esposa. Begoña, turris ebúrnea, ora pro nobis.
Y así nos ha tenido en vilo durante cinco días, durante los cuales no nos ha dirigido la palabra de tan ofendido como estaba. Mientras tanto sus bacantes adoradoras caían en un éxtasis de frenesí desenfrenado jurándole fidelidad hasta la muerte y sus vicepresidentas se declaraban perras fieles y se mesaban en público los cabellos retorciendo su cabeza y cabellera como si fueran la niña del exorcista. Muchos nos hemos quedado con ganas de saber la sustancia que puede transformar a una simple ministra verdulera en una peonza histérica. Me recordaban a la niñera de “La Semilla del Diablo” que se arrojaba desde una ventana como prueba de fidelidad con el maligno. Todo su gobierno en pleno se rasgaba las vestiduras suplicando a su jefe que no les abandonara. Y para redondear el espectáculo, trajeron en autobuses a unos cuantos adeptos para servir de comparsas y de figurantes en ese obsceno aquelarre de fanático culto al líder. Apenas unos pocos incondicionales y hooligans de la nostalgia frentepopulista que fueron presentados por los medios de comunicación como grandes masas enfervorizadas apoyando al melancólico ausentado.
Y mientras tanto el líder silente. Encerrado en su palacio junto a su amada Begoña. Castigándonos con su silencio e indiferencia por haber ofendido a su dama. Haciendo sufrir a los suyos ante la posibilidad de que les abandonara para siempre y manteniendo perpleja al resto de la ciudadanía que en su mayoría tenía más que claro que ese señor no abandonaría su poltrona ni a tiros.
Y así pasaron, uno, dos, tres y cuatro días. Y todos sus medios de comunicación filtrando la idea de que el gran líder estaba sufriendo por amor. Y más “no te vayas” y más “quédate”. Farsa grotesca y esperpento que ni Valle Inclán pudo imaginar. Mientras tanto todos los españoles pensando que algo podría ocurrir. La mayoría seguros de que seguiría, pero soñando que por un milagro pudiéramos perderle de vista. Pero todos, admiradores y detractores, sin excepción expectantes y atentos a su estrambótica salida de pata de banco. Y así nos ha tenido pendientes de su sacrosanta decisión, todo paralizado durante cinco largos días y nada más que fijos en el ombligo presidencial.
Y por fin llegó el quinto día, máxima expectación. ¿A qué hora hablará? ¿Qué nos dirá? ¿Se irá o se quedará? Finalmente se nos apareció en carne mortal, él, el líder máximo, el líder inmenso y nos dijo aquello de “si alguien ha pensado que me voy a ir, “tararí que te vi”, que me quedo”. Al quinto día resucitó.
Pero ojo, aunque no se vaya, ya nos advirtió a todos los españolitos que no nos creamos que esto va a quedar así. Todo va a cambiar a partir de ahora. Nos vamos a enterar de lo que es bueno. A un líder máximo y excelso conducator no se le hace sufrir sin pagar las consecuencias. A partir de ahora nadie va a poder decir nada que disguste a su “sanchidad”, a partir de ahora los jueces tendrán que obedecerle, los periodistas ensalzarle y el pueblo adorarle. Y también a Begoña, claro. Puesto que él la ama, todos debemos amarla. Begoña, estella matutina, ora pro nobis.
Su eminencia ha decretado, después de este bochinche, que todo aquello que le disguste es un bulo. Y que todo el que dice bulos debe ser callado para siempre. Ha decretado que todo ataque a él y a su ideología es un ataque a la democracia. Que todo el que no esté genuflexo ante su presencia es un ultraderechista y como tal debe, previo paso por Paracuellos, acabar con su limpio cráneo en las criptas de lo que él llama Cuelgamuros. Hace no muchas fechas, antes de su terrible enfado, ya estuvo por allí comprobando lo bien muertos que están aquellos que los socialistas asesinaron en la pasada guerra.
Pero de esta terrible ofensa debemos sobre todo comprender que tenemos que estar agradecidos por ser un adalid de la verdad y de la democracia. Debemos dar las gracias al amado líder por seguir en el poder y pedirle por favor que no lo abandone nunca. Y también dar gracias a su augusta esposa Begoña porque por ella por fin en España va a reinar de manera absoluta la verdad y la democracia. Begoña, regina pacis, ora pro nobis.
Intento tomármelo con humor, tomármelo a coña, (perdón a Begoña), pero no es así como se lo toma nuestro gobierno. Se ha tomado muy en serio lo de aplastar cualquier disidencia, utilizando una obscena censura y la cancelación de cualquier discrepante. Es desde luego para sentir temor ante lo que se nos viene encima. Una vuelta de tuerca en el totalitarismo cesarista de este presidente, arropado por todos, sin excepción, los enemigos de España, desde los terroristas, los independistas, el vecino del Sur y hasta el alcalde de la colonia del Peñón. Todos ellos saben que este presidente es su mejor aliado. Pero hay que resistir. Y por qué no, reírse un poco de lo ridículos que son, y sentir un poco de vergüenza ajena para suplir la que le falta a tanto sinvergüenza. Y saben a quién me refiero.





