TU QUOQUE FILI MI?

     Hacía muchos años que no pisaba Asturias. Para mí es una tierra especialmente apreciada desde que era pequeño. Crecí con el mito de Don Pelayo y el inicio de la reconquista de España en las breñas de Covadonga, tal como lo relataba la Enciclopedia Álvarez que circulaba por mi casa. Era en mi imaginario Asturias el último  reducto de la cristiandad, algo así como la aldea gala de Asterix frente a Roma, pero cambiando Julio César por el moro Almanzor. Uno imagina que no hay nada más español que Asturias, y tanto es así que en su día se popularizó el eslogan de “España es Asturias y lo demás tierra conquistada”.

     Es muy difícil no disfrutar en Asturias, da igual la parte que se elija para visitar. Yo acerté a estar en los alrededores de Pravia, en una casona del Siglo XVI,  reconvertida en hotel rural, aunque creo que da casi igual donde se vaya, es todo de una hermosura exuberante, incluso bajo la lluvia, que para no romper el tópico no se tomó ni un minuto de tregua en todo el tiempo que por allí anduve. Y si me traigo en la retina la belleza de los bosques y prados, no menos me impactó la fiereza del mar embravecido al que un habitante de la meseta no está acostumbrado.

      El azar me llevó a una cita no prevista con la historia. Se me presentó de improviso apareciendo de entre las piedras de una pequeña ermita milenaria en una pedanía de Pravia, que cobija ni más ni menos que los restos mortales de un rey asturiano, el Rey Silo y su esposa la reina Adosinda, nieta ésta del mismísimo Don Pelayo. Cuando llegué a la Iglesia de San Juan en Santianes, me adentré precipitadamente para cobijarme de la incesante lluvia en el momento que comenzaba la misa dominical de un domingo cualquiera, como los miles de domingos en los que los feligreses han acudido a oír la palabra del Dios de los cristianos, allí, en los únicos reductos de la península no profanados por las hordas agarenas. En alguna guía leí que el altar de esa Iglesia de San Juan es el más antiguo que se conserva en activo en toda España.  La Iglesia se fundó hace mil trescientos años más o menos, o sea que, a cincuenta y dos domingos por año, se han debido decir en aquel recinto no menos de 67.000 misas en las mañanas de otros tantos domingos. Yo tuve el privilegio de asistir a una de ellas, quizás de las últimas, porque lo que no consiguieron los musulmanes lo está logrando   el descreimiento que impone la modernidad  y que ya ha llegado a las más altas jerarquías de la Iglesia. Sea como fuere, escuchando allí una misa postconciliar, no pude menos que trasladarme a ese Siglo VIII cuando fue la iglesia construida, y por unos minutos reconstruir en mi cabeza lo que debió suponer para los cristianos asediados  mantener la resistencia en aquellas tierras sintiendo toda la península ocupada, siendo conscientes de la pérdida de España

     Colaborador del Rey Silo fue el monje Beato de Liébana que además de ilustrar bellísimamente los comentarios sobre el Apocalipsis y debatir furiosamente con Elipando, fue el muñidor de la idea de establecer a Santiago como patrón de España. Y es bien sabido que Santiago Matamoros fue el alimento espiritual que precisaban los cristianos para avanzar hacia el sur, lo que ha llevado a considerar a Beato el verdadero ideólogo de la Reconquista.. Esto revela que los reyes asturianos no se desentendieron de su misión y la intelligentsia no fue derrotada, las elites tenían claro que aunque reducidos a territorios marginales, el proyecto era la Reconquista de los reinos perdidos a manos de los musulmanes. Hoy la historiografía progre tiende a negar este concepto de “reconquista” como misión concreta y organizada, argumentando que no hubo tal idea, sino una mera sucesión de hechos más o menos fortuitos que terminaron con la toma de Granada. Yo creo que no fue así, que realmente hubo una voluntad política constante que se transmitió de generación en generación durante ocho siglos. Puede parecer mucho, pero no es tanto si observamos por ejemplo la perseverancia del pueblo judío para conservar y transmitir la idea de  retornar dos mil años después a su tierra prometida.

   Pero para mi desazón en Asturias no es oro todo lo que reluce.  Hoy esa parte de España está, como muchas otras, contaminada del nacionalismo emergente que ha podrido otras regiones y amenaza con desmembrar la unidad que nos habíamos procurado. No se puede negar que la enfermedad del nacionalismo está allí menos desarrollada que en otras zonas como Cataluña o Galicia. Pero han dado un gran salto adelante en el particularismo con la aprobación como idioma co-oficial del asturiano. Realmente muchos lingüistas consideran que el asturiano no es un idioma, sino un “habla”, que no otra cosa significaba el término “bable”, con el que era conocido ese dialecto,  esa forma de hablar el español. Un habla es una forma espontánea de hablar y es solamente verbal, carece de escritura y de literatura, la transformación en idioma escrito es un acto deliberado de voluntad. Creando un idioma, se crea una identidad y con ella una ristra de intereses, mucho dinero público para crear academias, diccionarios, profesores, investigadores, y premios de poesía en asturiano. Luego viene el imponer la enseñanza a los chavales incluso aquellos cuyos padres jamás hablaron ese supuesto idioma, después será necesario hablar asturiano con el nivel “x” para trabajar en la administración, por lo que no podrán acceder más que los del terruño. Posteriormente se crean un par de agravios reales o inventados y se convierten en víctimas de un centralismo al que se le imputan todos los males. Un par de generaciones estudiando en la escuela nada más que el asturiano junto con una inventada y tendenciosa historia de Asturias, da como resultado una mayoría que asume que son una nación diferente y oprimida que no ha hecho más que padecer y resistir heroicamente el poder de los reyes castellanos. Y finalmente, dado que son tan diferentes, que hablan distinto y sus costumbres son tan diversas, la lógica impone que haya que reclamar la independencia. Ya hemos visto demasiadas veces este proceso en España y lo rentable que sale a quienes lo realizan.  Es cierto que en Asturias está en estado embrionario, pero la semilla del mal ha germinado y solo le queda crecer y desarrollarse.

       El idioma tiene una importancia capital para mantener la unidad de una nación o para desmembrarla. En la península itálica, la creación artificial por las élites políticas de un idioma a base de retales de otros o dialectos locales , forjaron la unidad de Italia, que sin ese idioma que hoy conocemos como italiano probablemente no existiría como nación. Algo parecido ocurre en las provincias vascongadas donde primero para crear su identidad, se inventaron un idioma, el euskera batua, juntando muchas variedades de las lenguas vascuences. Y una vez creado y generalizado, procede imponerse a territorios que jamás hablaron dicha lengua como es la Ribera del Ebro tanto alavesa como navarra. Algo parecido ocurre con el catalán, que en su forma normalizada  por el talibán lingüístico Pompeu Fabra, se utiliza con criterios imperialistas imponiéndolo a territorios que nunca lo hablaron y aplastando y borrando  los idiomas propios de esas provincias, como ocurre con el mallorquín y el valenciano. Los nacionalistas saben que lo esencial de su proyecto es la lengua  y por ello es a lo que más importancia se da en sus mezquinas pero eficaces políticas.

      Asturias ha dado un paso inicial, ha sembrado una semilla para la diferenciación. Pero no es la única región o comarca que lo está haciendo, ya se están cocinando otras lenguas, como  el “cántabru”, el “andalú” (existe una autodenominada Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú, Z.E.A.),  el aragonés, el berciano, el llionés, el cabreirés y sabe Dios cuantos más. Es obvio que en todas las regiones hay particularismos en el habla,  yo si ir más lejos en mi Salamanca querida, tengo contabilizados numerosos localismos o palabras que sólo se utilizan por allí y que incluso despertaron la curiosidad de Unamuno. Pero de ahí a reclamar un idioma propio va un abismo. Y en todo caso es retroceder en el tiempo y perder territorio ganado.

      Con la desmembración del imperio romano el latín que se hablaba dio lugar a muchas lenguas en toda la Europa conquistada por Roma, y en el caso de la península ibérica surgió una lengua romance diferenciada casi en cada valle y en cada comarca. Pero de una manera natural y no impuesta se generalizó entre todas ellas una lengua franca, que era entendida y compartida por todos por su sencillez y facilidad de pronunciación, a lo que sin duda ayudó la adopción de las cinco vocales vascas. Fue por tanto la simbiosis de una lengua romance y el vasco, la que motivó el éxito del castellano, que se extendió por todo el valle del Ebro, y luego por el Duero, y por toda la península, y que andando el tiempo, ya convertida en idioma español cruzaría el Océano para ser igualmente la lengua común de millones de personas.

    En fin, tampoco soy lingüista, puede que haya imprecisiones que pueda detectar un especialista. Y no es para mí lo importante, sino que lo es la intención de determinadas voluntades políticas de construir o deconstruir identidades, según el caso, utilizando los idiomas y la complacencia de todos los tontos útiles que cargados de un romanticismo pueril les dejan hacer y les secundan sus propósitos. Y mucho de esto parece haber por el Principado a juzgar por las decisiones políticas que adoptan. Es cierto que no hay unanimidad sobre la oficialidad del asturiano, pero estas decisiones raramente se revierten. Por ello, ante la vorágine de separatismos que nos atacan, sólo me sale decir aquello de, Asturias, ¿tu quoque fili mi?

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s