No me imaginaba yo escribiendo esto que aquí escribo. Realmente no sé como retractarme de mis propios pensamientos y valoraciones respecto de una persona o mejor dicho de una artista. Artista con todas las letras. Reconozco que me había guiado por una serie de ideas superficiales, que me hacían verla como un icono raro de la música moderna que en general detesto. Y además no dejaba de recibir la sugestión de querer presentarla como un icono de todo lo woke, por quienes manejan los medios de comunicación. Es decir, la calificaba desde el desconocimiento de su obra y sólo por la imagen que sobre ella proyectaban los medios y a los que yo atendía sólo superficialmente por lo que de manera machacona querían presentarme los diseñadores de los cánones culturales, a los que tanto detesto y desprecio.
Me estoy refiriendo a la cantante Rosalía. Yo apenas había escuchado ninguna canción suya, más allá de alguna que sonó machaconamente, como aquella que decía algo así como “malamente, tra, tra…”. Puede que haya escuchado más pero no las identificaba como suyas, dentro del magma de cantantes hoy llamadas “latinas”. Su nombre sí que me era conocido, pero a veces más por posiciones políticas totalmente contrarias a las mías o por el hecho de ser una catalana más que canta en español, para disgusto de sus paisanos.
Pero hete aquí que alguien un día me dijo: «¿no has visto el último video de Rosalía?, es sorprendente». Y me picó la curiosidad, y en un rato perdido y con desgana pinché en el video de la canción Berghain . Y lo que en principio fue algo de desconcierto, se transformó en auténtica sorpresa, al ver una auténtica maravilla, una perla tanto musical como visual, con un prodigio de voz, pasando de la ópera al llanto, todo ello enredado en un onírico desasosiego que pellizcaba el alma con una belleza prodigiosa. No me encajaba en la idea de la canción contemporánea en ninguno de sus encuadres, ni pop, ni rock, ni música latina, reggaetón, rap, … no sabía cómo clasificarlo. Y al final llegué a la conclusión de que es simplemente arte.
Y claro, ello me llevó a las plataformas a escuchar el resto de las canciones de su último disco hasta el momento, titulado LUX, y en el que aparece en la portada con una desconcertante toca de monja católica. Y así fueron desgranándose una tras otra unas maravillosas creaciones, que me han hecho replantearme mi imagen y mi valoración de esta artista.
Me parece de una gran valentía mantener la personalidad de la creación al margen de las modas y corrientes oficiales, defender la verdad de la propia creación tal como quiere brotar, sin pensar si esto encaja en las modas que dominan el mercado musical. En éste, hoy mandan las músicas rítmicas, casi habladas, rapeadas y muy sexualizadas y con mensajes progres. Y en este disco de Rosalía aparece todo lo contrario, canciones arrítmicas, íntimas, personales, espirituales y que se inspiran claramente en la música tradicional española. Hay mucho flamenco, hay rumba, hay copla, pero sobre todo hay verdad. Me hace pensar lo que la música y en general la cultura hispánica podría haber aportado a la humanidad si no hubiera sido aplastada por la vulgaridad anglosajona que ha apabullado la creación artística a nivel planetario. Pero no sólo la cultura hispánica, también ibérica o mediterránea en general. Y así Rosalía, las reivindica todas ellas y nos deleita con un maravilloso fado en portugués y con una bellísima canción italiana a caballo entre los ritmos meridionales y la copla española. Y muchas otras canciones, de las más variadas estirpes, idiomas, evocaciones y formas, pero cada cual más deslumbrante.
Pero quizás lo más sorprendente es que toda su creación trasluce y está teñida de una sincera búsqueda de espiritualidad, una inquietud religiosa o de transcendencia, o al menos de pesadumbre ante el vacío del mero materialismo. La canción “sexo, violencia y llantas”, nos plantea esa vieja dicotomía de elegir entre Dios o el Mundo, el demonio y la carne, o de intentar compaginar las dos. También es conmovedor el tema “Mio Cristo piangi diamanti”, o lo que es lo mismo “Mi Cristo llora diamantes”, en el cual entre otras nos encontramos con esta bella estrofa: Quanti pugni ti hanno dato Che avrebbero dovuto essere abbracci? E quanti abbracci hai dato Che avrebbero potuto essere pugni? ( Cuántos golpes te han dado, que deberían haber sido abrazos?. ¿Y cuántos abrazos has dado, que podrían haber sido golpes?).
No sé cual es el auténtico propósito de Rosalía sobre la religión, parece que está fuertemente inspirado en la personalidad y la obra de Simone Weil, a quien cita en su disco («el amor no es consuelo, es luz«), cita que parece ser el origen del título del mismo. Weil, partiendo del materialismo más feroz, se convirtió al cristianismo pero siempre desde una posición personal y heterodoxa, y tal vez la cantante esté en un camino parecido, en una búsqueda personal, una exploración de caminos e inquietudes, que no sabemos, donde concluirán, quizás no lo sepa ni ella, pero revelan por el momento una honestidad que me parece muy elogiable.
Por supuesto, esto no hace que vaya a aceptar cualquier opinión de esta cantante, pasada o futura, que será muy libre de hacer y yo de compartir o no. Pero ello no obstará para que valore su arte. No sería la primera ni la última artista, varón o mujer, y de cualquier campo del arte y la creación, respecto de los cuales considere magnifica su obra y no comparta sus posiciones ideológicas. Como también ocurre a la inversa.
En fin y resumiendo, que he sido cautivado por la luz (¡LUX!) de esta artista, y que entono el “mea culpa” de haberla juzgado negativamente sin conocer su música. Y tiene mérito en mi caso, ya que elogiarla me hace compartir opinión con personas a las que detesto, y sin ir más lejos con el endemoniado tiranorzuelo que actualmente nos gobierna, que manifestó que le parecía maravilloso y que había interrumpido su siniestra tarea de corrupciones variadas para escuchar del tirón este disco. Me molesta compartir algo con este señor, ni siquiera una opinión. Me consuela que una canción del disco parece estar dedicada a él. Más que parecerlo, se trata de un retrato-robot del personaje. Es una que se titula “La Perla”, en la que entre otras cosas dice lo siguiente:
Él es tan encantador
Un espejismo
Medalla olímpica de oro al más cabrón
Él es el centro del mundo
Y ya después ¿lo demás qué más dará?
¿Pero de qué te sirve
Si siempre mientes más que hablas?
Te harán un monumento a la deshonestidad
